Hay consenso en que el Banco Central tiene los instrumentos para mantener la estabilidad de precios y cumplir con las metas previstas en el Programa Monetario. Sin embargo prevén mayores dificultades que en los años anteriores. La visión compartida es que no existe riesgo inflacionario en el corto y mediano plazo El BCRA puede enfrentar el desafío de optar entre tipo de cambio real alto o inflación contenida El precio de los inmuebles atenta contra el crecimiento de los créditos de largo plazo
Después de más de dos años en los que la política monetaria se desarrolló en un contexto muy favorable, que permitió sin mayores esfuerzos sostener un tipo de cambio real elevado y estabilidad en los precios, el 2005 se perfila como un año más complejo para el Banco Central, que enfrentará mayores dificultades para sostener una estrategia de objetivos múltiples y, eventualmente, deberá sacrificar algunas metas para mantener la inflación bajo control.
Aún así, los últimos 24 meses sirvieron para que la autoridad monetaria ganara credibilidad. En el mercado estiman que el repunte en la inflación que se registró en diciembre responde a cuestiones coyunturales y que el BCRA no tendrá problemas en cumplir con el rango de inflación que se fijó en el Programa Monetario (5%-8%). En el marco del Foro del Sistema Financiero que organiza mensualmente El Cronista, Aldo Abram, de la Consultora Exante, Rodrigo Álvarez, economista de Ecolatina, María Castiglioni, economista de Orlando Ferreres y Asoc. y Fausto Spotorno, economista senior de Delphos Investment, debatieron sobre el panorama monetario que enfrentan Martín Redrado y su directorio para este año.
Después de varios meses con escasa variación de la inflación, en diciembre se registró una aceleración del índice de precios al consumidor (IPC) –0,8% en el mes– y se proyecta más de 1% para enero. Sin embargo, los analistas no lo consideran un factor de riesgo. "Fueron ajustes puntuales de precios, que impactan en los índices, pero que luego se diluyen", destacó Abram. En el mismo sentido, Álvarez sostuvo que los ajustes de diciembre y enero no responden a un exceso de emisión o de liquidez en la economía, sino que fueron subas de una sola vez.
En general, la sensación es que en el corto plazo no hay grandes riesgos para el BCRA. Pero los desafíos comienzan a verse en el mediano y largo plazo. "Creo que no es sostenible en el largo plazo mantener un tipo de cambio real alto con baja inflación. No creo que pueda seguir por siempre la política de intervenir en el mercado para luego reabsorber con distintos instrumentos", advierte Castiglioni. Para Spotorno, el Central pudo desarrollar su estrategia con múltiples objetivos por el contexto internacional favorable, con gran liquidez, pero coincide en que no puede mantenerse por mucho tiempo.
Para Abram, Redrado tendrá que olvidarse de buscar tantos objetivos al mismo tiempo. "Alguno va a tener que sacrificar y probablemente priorice la baja inflación", dijo. La incógnita será ver cómo juegan los factores políticos si para lograr estabilidad de precios se requiere un tipo de cambio más alto.
Hay otros dos factores que hoy no están en juego y que pueden hacer más compleja la tarea del Central. Por un lado, el multiplicador bancario, que hasta ahora no ha entrado en funcionamiento, y que de hacerlo puede incrementar la base monetaria. Por otro, una suba en las tasas de EE.UU. más brusca que lo previsto, que provoque una apreciación del dólar y obligue al BCRA a optar entre inflación baja o tipo de cambio real alto.
Flujo de capitales
Las posiciones fueron algo más divergentes en cuanto a la posibilidad de que el Gobierno implemente un control al ingreso de capitales cuando finalice el canje.
Para Rodrigo Álvarez, en caso de percibirse el potencial ingreso de un flujo relativamente fuerte de fondos desde el exterior, no habría que descartar algún tipo de control, para quitarle la presión al Central. "Consideramos que es deseable un proceso de apreciación lento del tipo de cambio, no brusco ni traumático. Además hay que pensar en las expectativas de los empresarios que invierten", argumentó.
Por el contrario, Castiglioni, Spotorno y Abram se mostraron más escépticos sobre el tema, incluso cuestionando la posibilidad de que ingresen más capitales cuando finalice el canje. Para Spotorno, no habrá una mayor entrada de fondos del exterior cuando se salga del default. Por su parte, para Abram se trata de una "pésima idea", ya que en los próximos años los únicos capitales que van a venir al país son los especulativos y, por lo tanto, hay que cuidarlos. "Cuando uno restringe el flujo de capitales, se limita la capacidad de crédito de la economía y también se reduce la demanda interna, perjudicando a los sectores más débiles", señaló.
Créditos restringidos
Aunque los préstamos al sector privado vienen creciendo a un ritmo superior al 20% anual, los participantes del Foro estiman que este año persistirán los problemas que impiden el despegue de los créditos de largo plazo.
El desafío más grande está en las líneas de largo plazo, especialmente en los hipotecarios. "El precio de los inmuebles hace imposible pagar un crédito y eso llevará tiempo hasta que se ajuste", destaca Spotorno.
Todos coinciden con la estrategia de Redrado, que consiste en suplir la falta de fondeo de largo plazo por parte de los ahorristas locales con instrumentos del mercado de capitales que permitan a los bancos descargar el riesgo. Así, fideicomisos, obligaciones negociables indexadas, futuros y derivados se convertirán en los aliados de los bancos para empezar a hacer negocios a largo plazo. |