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Por Diego Cabot - La Secretaría de Comercio fue un epicentro del poder
kirchnerista, por donde peregrinaron los empresarios más poderosos del país,
cargados de documentos y pedidos. Durante años se acumularon toneladas de
carpetas con información sensible de la economía argentina. No quedó nada.
Comercio es otro de los casos que se suma a la lista de reparticiones en
las que el nuevo gobierno encontró caos y superpoblación.
El edificio de Comercio, a pocos metros de la Plaza de Mayo, aún da
cuenta del plan de destrucción de documentos del Estado que se ejecutó antes
del 10 de diciembre. Oficinas vacías, miles de expedientes paralizados,
intentos de borrar servidores, pisos enteros sin sillas, empleados reasignados
para que no se conozcan sus funciones anteriores y decenas de máquinas para
destruir papel son parte del inventario que quedó de las gestiones de Guillermo
Moreno y Augusto Costa.
En el organismo ingresaron 639 empleados en los últimos dos años, lo que
significa un 70% de aumento de personal. Así, el plantel llegó a 1500 personas.
"No existen tareas que ameriten semejante expansión", dijo una fuente
de la cartera, en la que se realiza una revisión pedida por el secretario
Miguel Braun. A diferencia de otras áreas del Estado, la gente que obedecía a
Costa venía a trabajar y cumplía con su horario.
Todavía estaban contratadas 41 personas cuya función era aportar
información comercial a Moreno en su puesto en la embajada en Roma.
Todo sucedió entre la segunda vuelta y el día de asunción. El 23 de
noviembre, un día después de la elección en la que Mauricio Macri fue elegido
presidente, una camioneta Trafic blanca que no pertenece al parque automotor de
la Secretaría fue cargada con expedientes que salieron del edificio. Después
llegaron los días de destrucción.
Varias trituradoras de papel se instalaron en el edificio. En las
oficinas hay decenas de máquinas domésticas -poco más grandes que una
impresora- que cortan el papel en tiras. Además, al menos tres máquinas del
tamaño de una heladera quedaron en el acerbo. Se trata de trituradoras
profesionales, que cortan el papel en varios sentidos y que hacen imposible la
reconstrucción de los documentos. Cuentan en los pasillos que trabajaron duro
los últimos días. Algo se pudo apreciar: bolsas de consorcio llenas de
picadillo de papel formaban parte del mobiliario el 10 de diciembre.
Pese a que dos días antes de asumir el equipo entrante se reunió con el
saliente, no hubo transición. Costa y su gente prometieron colaborar. Dijeron
que el equipo que se encargaba de la aprobación manual de cada importación ya
había renunciado. Contaron que dejaron abiertos los códigos de las tres
computadoras que gestionaban todos los pedidos de importación. Dos días
después, el nuevo equipo se encontró con que la información de las tres
computadoras había sido borrada. Tampoco quedó registro sobre cuál habían sido
el criterio, los montos y los tiempos para aprobar importaciones.
Un técnico de informática del Ministerio de Economía contó que había
estado en seis reuniones en las que le preguntaron, y luego le pidieron, borrar
los backups y servidores que guardaban toda la información
sensible que entonces se colectaba en las planillas que se llenaban online. Fue
recién en el último encuentro cuando se le pidió que borrara los registros. El
hombre pidió una carta firmada por el entonces ministro de Economía, Axel
Kicillof. Nunca llegó el pedido con la rúbrica y aquella previsión del hombre
de sistemas terminó por salvar información vital para la nueva gestión.
Además de las 638 personas que ingresaron en los últimos dos años, hay
41 que tienen ciertas particularidades. Se trata de "la agregaduría",
una oficina que funcionaba en el edificio que queda al cruzar la Diagonal Sur y
que tenía tareas de apoyo al trabajo de agregado comercial que Guillermo Moreno
mantenía en la embajada de Italia. El ex funcionario dejó un listado de
personas que debían mantener sus contratos durante su exilio romano. Se
acomodaron en un oficina y no tenían ninguna función. Cobraban un sueldo
mensual como asesores en materia comercial. Según fuentes de la Secretaría de
Comercio Interior, a ninguno se le renovó el contrato.
Entre los empleados había algunos prominentes hinchas de fútbol. Por
caso, varios integrantes de la barra de River fueron detectados en el plantel.
No faltaron enfrentamientos y aprietes cuando se enteraron de que se terminaban
sus contratos. Uno de los hinchas millonarios que ya no tienen vínculo laboral
es Víctor Videla, alias "Toddy", un conocido en la tribuna
riverplatense que alguna vez estuvo detenido por el crimen de Gonzalo Acro.
La gestión de la oficina es lo que más llamó la atención. Fuentes de la
Secretaría admiten que, según lo que se pudo reconstruir, el procedimiento para
decidir cuál importación se permitía era discrecional y artesanal. Un equipo de
14 personas, que se hacían llamar operador uno, dos... hasta 14 (para que los
importadores no supieran los nombres), ocupaban un despacho a cinco metros del
de la Secretaría de Comercio Exterior y decidían de manera manual y caso por
caso cada importación. Esa oficina estaba vacía y los operadores y sus
computadoras habían sido distribuidos en distintas oficinas en el edificio a
modo de camuflaje burocrático. Poco a poco, los buscan y no les renuevan el
contrato.
Hay 1800 expedientes parados que esperaban aprobación para reexportar
mercadería y 30 parados intencionalmente en los que jamás se autorizó la
importación de líneas de producción. Alrededor de 70 carpetas de ventas al
exterior de plantas llave en mano y 130 de importación de líneas de producción
usadas esperaron, en vano, que llegara la firma salvadora. Ahora, aquella
espera paciente cambió por ansiedad. Y todos golpean la puerta.
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