El
recorte procura desalentar el boom que tuvo el stock de este tipo de
colocaciones del sector privado que, una vez removidas las restricciones a la
demanda del billete y respondiendo al estímulo de la tasa, saltó de US$ 8900 a
los 10.600 millones (cerca de 20%) en sólo dos semanas.
Es pecialmente porque, pese a que la poda de tasas ya se había iniciado
a mediados de enero, las imposiciones siguieron en crecimiento, hasta tal punto
que los bancos ya tienen bajo administración US$ 11.500 millones de ahorristas,
algo que no lograban desde mayo de 2012.
En aquel momento, ese
stock (que había llegado a rondar los US$ 15.000 millones antes de la
imposición del cepo a fin de octubre de 2011) ya estaba en un retroceso franco
que sólo se detendría a mediados de diciembre de 2013, cuando tocara un piso en
torno de los US$ 6650 millones.
La
situación actual es la opuesta: los dólares, aunque aminoraron su ritmo de
traspaso ante los recortes aplicados a la renta, siguen fluyendo de los
"colchones" o las cajas de seguridad hacia las cuentas bancarias
hasta el punto de haberle generado un problema a los bancos, que sólo en los
últimos días parecen haber encontrado la manera de transformar esa liquidez en
préstamos para extraerle rentabilidad.
Quien inició la
"movida" en pos de recaptar los dólares atesorados entre privados fue
el Santander Río, que en vísperas de la devaluación y el final del cepo ofreció
pagarles a los ahorristas tasas del 4 al 5% anual por constituir plazos fijos
de 30 días a un año.
La oferta fue exitosa:
en cuestión de semanas, el stock de plazos fijos en dólares bajo administración
del banco se triplicó aunque más para beneficio del BCRA, que logró un aporte
casi gratuito a las reservas que para el propio banco, que se encontró con más
obligaciones de pago futuras que derechos de cobro.
Esto lo forzó a desandar
el camino: primero recortó los rendimientos al 2,5% anual y semanas después al
1,5% actual, aunque se trate de imposiciones a 30 días, 6 meses o un año.
La jugada había
arrastrado al resto de los grandes bancos privados que se lanzaron a imitarla,
aunque moderadamente, para neutralizar el riesgo de enfrentar arbitrajes
generados por la diferencia de rendimientos ofrecidos. Y debieron comenzar a
retroceder también luego.
Así, bancos que se
habían lanzado a pagar tasas del 2,5% promedio, ahora ofrecen otras de apenas
0,5% anual por colocaciones a 30 días. O de hasta 1,5%, si se inmovilizan los
fondos por entre 6 meses y un año. Y hasta hay algunas otras que ofrecen menos
del 0,10%, como es el caso del banco chino ICBC o el Citi, aunque tal vez
porque ya se encuentra en retirada.
Buscando
una puerta de salida
Pese a los menores
incentivos de tasa, los depósitos en dólares del sistema, aunque aminoraron su
tasa de expansión, siguen creciendo a razón de US$ 100 millones por semana
alimentados en parte por la firmeza que mantiene la demanda minorista del
billete que, por lo general, tiende a crecer cuando más sube.
Pero este incremento no
hizo más que generarle un "problema" de liquidez en dólares que no
logran extraerles rentabilidad ante una demanda de financiamiento en esa moneda
aún débil por razones estacionales y estructurales (como las dificultades para
vender a Brasil ante su recesión). El sistema bancario local prestaba casi US$
10.000 millones antes de la imposición del cepo. Hoy el total de préstamos en
esa moneda no llega a los US$ 3700 millones.
La trampa de liquidez
obligó al BCRA a actuar y promover el viernes dos nuevas circulares (5908 y
09).
La primera amplió al
alcance de los créditos en divisas que podrán colocar entre empresas locales,
aunque manteniendo criterios para evitar recaer en un descalce de monedas. La
segunda flexibilizó normas para que también puedan invertir en Obligaciones
Negociables (ON) en dólares que emitan las empresas locales que se demuestren
capaces de generar flujo de caja en esa moneda.