El perfil que había prometido asumir Federico Sturzenegger una vez que supo que se haría cargo de la conducción de la política monetaria pareció tomar forma en estos días. El funcionario ya logró posicionarse ante los mercados como un banquero central tradicional, del que no deben esperarse declaraciones contundentes sobre la política monetaria sino "mensajes" implícitos en el contenido, las formas y hasta los adjetivos de sus discursos.
Ayer, durante su exposición al frente de profesionales de ciencias económicas (ver aparte), el banquero graduado en el MIT prefirió atenerse a leer un extenso escrito, en el que evitó dar precisiones sobre cuándo será el momento exacto en el que iniciará la esperada baja de tasas de interés de la economía. Pero sólo permitió inferir y descubrir, entre líneas, que este plan de recorte de tasas no sólo está en estudio -porque ya se perciben señales que reflejan una baja de la inflación- sino que podría concretarse tan pronto como la próxima semana.
El nuevo modo de comunicar del funcionario, similar al de del resto de los bancos centrales del mundo, le sirve al organismo como un paso previo para iniciar el "ciclo bajista" que en el sistema financiero ya habían anticipado para el mes de mayo: influir sobre las "expectativas" que hoy tiene el mercado en cuanto a los retornos de las letras de deuda del BCRA (las Lebac), de manera que encuentren más incentivos para aprovechar la última época de tasas altas e ir a Lebac con mayores plazos, y reducir así los altos costos de esterilización que tiene que afrontar cada semana (aún cuando no resolviera ningún ajuste). Sucede que, si los inversores se convencen de que los retornos que se pagarán en el futuro serán menores a los actuales, será mayor la demanda que se vuelque sobre los títulos de deuda en estas licitaciones. En el mismo sentido pueden haber contribuido en estos días, por ejemplo, las presiones que trascendieron en estos días del Ministerio de Hacienda sobre el Banco Central para que relajara su política monetaria.
En algunos bancos estudian ahora otra señal que parece enviar Sturzenegger en los rendimientos de las letras. Dicen que el organismo reduce las tasas de interés que están implícitas entre las Lebac más cortas (las que están entre dos tramos, como por ejemplo 35 y 63 días) de manera que sean menos atractivas que las de mayor plazo. Y no solo incentiva, de este modo, la compra de títulos mayores a los 147 días, sino que también sugiere que la curva de tasas empezará a aplanarse y a normalizarse. "Casualmente, esto encaja con nuestra creencia de que los volúmenes comenzarán a migrar al extremo más largo de las letras de deuda una vez que el mercado esté convencido de que el ciclo de los tasas está comenzando a disminuir", advirtió un informe enviado a clientes al cierre de la licitación.