Por Javier Blanco - La expectativa que había generado la negociación de los nuevos bonos en la plaza local chocó abruptamente ayer contra la realidad de una emisión planeada a medida para los grandes inversores del exterior. Ocurre que para poder operar con cualquiera de los papeles que el país emitió para hacerse de los fondos suficientes para cerrar el default y volver financiarse internacionalmente hay que cursar órdenes por un mínimo de 150.000 títulos. Es decir, hay que estar dispuesto a cursar apuestas de inversión por un mínimo de $ 2,1 millones. La barrera de acceso deriva de las condiciones de emisión que fijó el Gobierno, evidentemente pensando en la demanda de grandes bancos y fondos internacionales. Pero no tuvo en cuenta que se trata de papeles que luego se operarían en los mercados secundarios, y lo que tal vez no sea un impedimento en el exterior localmente deja fuera de juego hasta a algunos inversores institucionales medianos, lo que contradice abiertamente la proclama en favor de un mercado local de capitales activo que lanzó el ministro Alfonso Prat-Gay al dar a conocer, la semana pasada, los resultados de la colocación. La comprobación generó una oleada de decepción en la plaza local, ya que se trata de opciones que no estarán disponibles para el inversor común hasta que el Gobierno modifique la forma de registración de estos títulos, que, no casualmente, comenzaron a cotizar ayer aquí con mínimas operaciones (24 por un total de $ 86 millones, apenas 2,85% del total negociado con instrumentos de renta fija) y puntas muy abiertas. "El mínimo es demasiado alto. La sensación es que se olvidaron del mercado secundario", dice Diego Martínez Burzaco, de Inversor Global. |