Por: Ignacio Olivera Doll - El entusiasmo en el mercado pareció crecer y extenderse desde la mañana de ayer hasta la tarde: empezaron a verse, lentamente, las primeras señales que permitirán al Banco Central iniciar un aterrizaje suave en las tasas de interés de la economía. Algunas consultoras privadas ya advierten que en la segunda semana de mayo (la que pasó) se produjo una desaceleración de la "inflación core" (o núcleo), el indicador que tiene entre ojos Federico Sturzenegger desde que se hizo cargo de la gestión. El descenso, si bien es incipiente, refleja que los precios retomaron en estos días el sendero bajista de marzo y abril, y darían lugar al BCRA para animarse con un recorte de tasas, al menos simbólico, en la licitación de hoy.
El dato promisorio fue la desaceleración de este indicador que excluye las subas de precios estacionales o de los bienes y servicios regulados: la "inflación core", medida a nivel nacional, aminoró la marcha del 2,7% al 2,2% mensual desde la primera hasta la segunda semana de mayo, y desde el 2,3% registrado a fin de abril. El avance en la semana fue del 0,4% (la inflación total: 0,6%).
Un repunte transitorio en la primera semana de mayo fue lo que había convencido al Banco Central, hace exactamente siete días, de mantener sin cambios (y altos) los rendimientos de las Lebac (en el 37,5%). En los bancos creen que ahora el diagnóstico cambió. Y que el organismo tendrá margen para recortar cerca de 50 puntos básicos las tasas de las letras más cortas (a 35 días) que toda la economía toma como referencia.
El desafío no es menor: habrá que afrontar hoy mismo vencimientos de deuda por $ 76.000 millones y, en las próximas semanas, un monto que equivale al 60% de todos los pesos que circulan en la economía (la base monetaria), esto es, $ 343.000 millones. Pero juega a favor de la renovación de estas letras la convicción que parecer compartir una buena parte del mercado respecto de la tendencia de los precios -y, con esto, también de las tasas- hacia el segundo semestre. Si el camino no tiene vuelta atrás, será la última oportunidad que tendrá el sector privado para sacar tajada de esta rentabilidad en pesos y obtener sin esfuerzo beneficios superiores a la inflación.
La mayor demanda que se percibe en los plazos más largos es una evidencia de que el mercado comparte la misma idea que Sturzenegger y quiere aprovechar estos rendimientos por el mayor tiempo posible. Hace apenas un mes y medio, los inversores colocaban apenas el 5% del total de lo ofertado en las letras menores a los 35 días. En las últimas tres licitaciones, en cambio, llegaron a suscribir en los vencimientos más largos entre el 21% y el 27% del total.
La voracidad de bancos y empresas por estos títulos de deuda del BCRA también se percibe en el mercado secundario. Ayer, la mesa de Sturzenegger salió a vender más de $ 1.000 millones a 35 días con el fin de absorber liquidez por esa vía y -presumiblemente- enviar una señal para la licitación de hoy. Las tasas se ubicaron entre el 36,75% y el 37,10% anual, unos 50 puntos básicos por debajo de la semana pasada. En algunas mesas de dinero apostaban ayer sin dudar demasiado sobre que éste será, finalmente, el nivel de rendimientos que se buscará concertar hoy. Como sea, lo que parece haber quedado claro es la decisión oficial de optar por el gradualismo en este nuevo "ciclo bajista". Y asegurar finalmente un aterrizaje suave en las tasas pero, sobre todo, en la inflación. |