Por: Enrique Blasco Garma - Coincidimos con las autoridades del BCRA en la decisiva correspondencia entre la emisión monetaria y la inflación. En general, cuando se emite más base monetaria que lo demandado por la gente, los precios ajustan al alza. Y, dependiendo de la situación, también podría afectarse el nivel de empleo. Las experiencias actuales de la Fed, en EE.UU., el BCE, en la eurozona, y Banco de Japón lo ratifican: enormes emisiones conviven con estabilidad de precios, incluso con deflación, cuando la gente demanda suficiente base monetaria. Para contrarrestar la crisis financiera, la base monetaria en dólares pasó de 900.000 millones, en septiembre 2008, a 3,9 billones en mayo de este año, sin impacto en los precios internos. Esto es, la circulación monetaria más que se cuadruplicó, en ocho años, sin alterar significativamente los niveles de precios. En la eurozona, la base se multiplicó por 2,5. En Japón, la expansión copió a la de EE.UU. y, no obstante, los niveles generales de precios cayeron.
Estas cifras lo confirman. La demanda excedente de base monetaria asegura contra la inflación, siempre y cuando no haya aumentos de costos independientes. De todas maneras, en el largo lapso de 8 años fue el cambio de los deseos de la población, vender bonos y acciones para aumentar sus tenencias monetarias, que generó tal exceso de demanda de base monetaria, la causa de que tan gigantescas emisiones no generaran inflación. No obstante, hubo agudas críticas en los inicios de los programas anticíclicos, denominados "Quantitative easing". Las autoridades probaron que la gente demandaba las cantidades emitidas. Y el secreto, la herramienta crítica, de los grandes banqueros centrales es encontrar las formas de acertar la cantidad de demanda excedente de base monetaria.
En nuestro país, las medidas del Gobierno también incentivan un proceso de cambio de activos. La población demanda más pesos a cambio de dólares. Quiere tener más pesos, entregando dólares. Esto es, repitiendo la experiencia citada de los grandes bancos centrales, estamos ante un exceso de demanda de base y un exceso similar de oferta de dólares. Al BCRA se le abre una encrucijada. Un sendero es comprar toda la cantidad de dólares deseada por la gente, emitiendo los pesos a un precio fijo por dólar. Con eso se satisfaría el deseo de cambiar dólares por pesos, una modificación de la composición de activos financieros. Al atender ese deseo (esa demanda excedente de base) no se forzaría ningún cambio en las variables reales. La oferta y demanda global de bienes y servicios, o la oferta neta real, no sería modificada. De la misma manera experimentada en las grandes potencias citadas arriba.
El otro sendero, no comprar dólares, es dejar caer la cotización del dólar, apreciando el peso, y no emitir pesos a cambio. En este caso, el consiguiente exceso de oferta de dólares y de demanda de pesos generaría la apreciación del peso y una caída, un déficit, en la demanda de bienes y servicios reales. La contracara de la oferta excedente de dólares, resultante de la negativa de comprar los dólares ofrecidos por el mercado. La consecuencia de la caída de la demanda global, oferta excedente de bienes y servicios, es presión para bajar precios internos, reducir la producción de bienes y servicios y el empleo.
En otras palabras, cuando el deseo de cambiar la composición de los activos financieros en pesos y dólares no es atendido por el BCRA se crea un "atraso cambiario" de origen exclusivamente monetario que frena la economía y el empleo.
Sugiero lo actuado por los grandes bancos centrales. Reconocer el exceso de demanda de base monetaria y el exceso de oferta de dólares sin enervar el funcionamiento de la economía real. Evitar que los cambios deseados en la composición de activos financieros lastimen el desarrollo de las actividades productivas y el empleo. |