En este contexto, no fue sorpresa que el Gobierno anunciara ayer un aumento del déficit fiscal de
$ 24.000 millones. El gasto se abultó producto de las cargas en asignaciones sociales, jubilaciones y el pago de la obra pública. Decisiones con las que el macrismo intenta torcer el destino de recesión que tuvieron la mayoría de las iniciativas económicas puestas en marcha desde diciembre. El desafío para Macri es llevar el barco a través de la tormenta y pasar de la tempestad que azota a ciudadanos y pymes a un horizonte de optimismo que muestre señales del regreso al consumo y a la recreación del empleo.
Cualquiera sabe que el momento no es fácil. Cualquiera entiende que la salida del cepo, el acuerdo con los holdouts y la reducción de los subsidios eran medidas necesarias. Pero transformar el desbarajuste heredado en un modelo de desarrollo víable es una misión a la medida de temperamentos consistentes. Macri tendrá la chance de consolidar su proyecto en la elección del año próximo sólo si demuestra estar a la altura de las circunstancias.

