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Por Javier Blanco - Arrastrado por la oleada de
ajustes cambiarios que desató el denominado efecto Brexit, el peso se devaluó
ayer otro 2,5% frente al dólar, sólo por moverse a tono con el resto de las
divisas emergentes, en un contexto caracterizado por un violento reflujo de
fondos hacia mercados más seguros y posiciones más conservadoras.
La desvalorización quedó reflejada en el salto de
37 centavos que volvió a pegar el dólar comercial (al que acceden las empresas
que operan en el segmento mayorista), que cerró a $ 15,30 (venía de $ 14,93 el
viernes), su mayor valor desde el 10 de marzo, cuando comenzaba a desfinflarse
por la fuerte suba en las tasas de interés. A su vez, subió de $ 15,09 a $
15,42 el promedio vendedor del billete al público, según el relevamiento que
hace a diario el Banco Central (BCRA).
El ajuste en el tipo de cambio ronda el 10% al cabo
de las últimas seis ruedas, aunque sólo poco más de la mitad de ese recorrido
es adjudicable al reacomodamiento que provocó el efecto Brexit en los precios
de las divisas.
El problema ahora es que la ola de devaluaciones
que provocó el portazo que la ciudadanía británica dio a la Unión Europea, con
fuerte impacto sobre la libra esterlina y el euro, alcanzó ayer también al
yuan, que se depreció casi 1% frente al dólar para volver a su nivel más bajo
desde fines de 2010. La baja fue decidida por el Banco Central de China, que
fijó el valor de cambio del también conocido como renminbí en 6,6375 por dólar y dijo estar preparado para
"defender su estabilidad".
Se trata del mayor ajuste del yuan desde la
devaluación de agosto del año pasado (cuando alcanzó el 5% en una semana), y
hace temer a los operadores y analistas que desate una nueva guerra mundial de
devaluaciones si ese ajuste se llegara a repetir estos días. De hecho, por el
efecto del swap acordado con ese país, la movida china fue culpable ayer de la
mitad de la baja por US$ 173 millones con que cerraron las reservas del BCRA.
"Sería muy problemático porque amplificaría el
efecto dominó sobre el resto de las monedas y ahondaría la incertidumbre en los
mercados", explicó un operador local, que se encontró en la mañana con los
alertas en sus pantallas ante esta inesperada movida.
El peso fue una de las monedas que más volvió a
sufrir ayer la inestabilidad cambiaria global y resultó la más depreciada de la
jornada en la región, sólo detrás de la caída del 2,9% del peso colombiano. Los
analistas aseguran que el amplificado movimiento es consecuencia de la marcada
apreciación que la moneda local había mostrado en los últimos 3 meses (rondó el
13,5% en ese lapso medida nominalmente, a lo que se agrega el diferencial
inflacionario), luego de que el BCRA alentara las apuestas al peso premiándolas
con tasas de hasta 38% anual para el corto plazo.
Por eso justifican que el BCRA haya dado vía libre,
por ahora, al salto del dólar acompañando la oleada mundial, aunque suponen que
lo podría obligar a modificar hoy su estrategia con las tasas. "Si bien
hay margen para que vuelva a bajarlas con cautela, con el dólar ya a $ 15,30 y
la aversión al riesgo creo que se justificaría dejar en pausa este proceso
hasta que todo acampe", juzga Federico Furiase, del Estudio Bein.
Lo que varió aquí fue que, en cuestión de días, se
pasó de una plaza cambiaria abiertamente desbalanceada hacia la oferta de
divisas a otra muy desequilibrada hacia la demanda. Los datos del complejo
agroexportador mostraron ayer que la semana pasada se registró una nueva y
marcada merma en sus liquidaciones: llegaron a US$ 320 millones, 26,5% menos
que en la semana previa y bien lejos de los US$ 821 millones ingresados por
semana hace un mes.
Si a la cifra de entonces se suman los ingresos
financieros que había -por el desarme de posiciones en dólares y el pasaje a
pesos para aprovechar las elevadas tasas- y el flujo extra de divisas que
aportaban las emisiones de deuda de provincias y empresas (que quedaron ahora
en stand-by), se entiende por qué el dólar se encareció tanto
en tan poco tiempo.
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