Un inédito plan de expansión global de dos compañías argentinas apuró esta semana al Banco Central a liberar uno de los últimos vestigios de cepo que todavía regían sobre la economía. El directorio de la institución resolvió permitir ilimitadamente el acceso al mercado cambiario a cualquier empresa que decida comprar dólares en el país para realizar inversiones directas en el exterior (es decir, en activos de la economía real) y eviten de esta manera, como hasta ahora, tener que enviar sus divisas a través del contado con liquidación.
Actualmente existe un tope de u$s 5 millones por mes para cualquier individuo o empresa que quiera comprar divisas en el mercado local. La restricción se convertía en un impedimento imposible de sortear para quienes pretendían realizar inversiones en el exterior de cientos millones de dólares. El jueves, finalmente, a pedido de dos compañías locales, el Central resolvió atender el reclamo liberando por completo el acceso para todo el sector privado siempre y cuando el destino fuera algún activo de la economía real. Y mantener la limitación, en cambio, cuando se tratara de fuga de capitales para atesoramiento o inversiones especulativas, como aquellas que se destinan a instrumentos del mercado de capitales.
Con esto, el Central quiere terminar de normalizar un mercado cambiado en el que las trabas habían terminado por asfixiar la actividad económica de los últimos cuatro años. Hace unos pocos meses, la institución había decidido ampliar de u$s 2 millones a u$s 5 millones el tope mensual que tiene el sector privado para comprar dólares. La medida fue resuelta en un contexto en que el Gobierno necesitaba fortalecer la demanda de divisas para evitar que el tipo de cambio se hundiera por debajo de los $ 14 y afectara a los sectores menos competitivos de la economía. Junto a esto, el organismo de Federico Sturzenegger también resolvió ampliar la tenencia de moneda extranjera de los bancos privados, del 10% al 15% de su patrimonio.
Sucede que el BCRA se encuentra en una posición compradora de dólares desde hace ya cuatro meses, cuando empezó a subir las tasas de interés de la economía. Desde entonces, sólo vendió divisas cuando buscó intencionalmente bajar el tipo de cambio en el último día de cada mes para pagar menos por los contratos a futuro que vencían y emitir, así, menos pesos en la economía. El resto de las jornadas, en cambio, se mostró comprador y estuvo cómodo para acumular reservas.