Maxinta, una de las casas de cambio líderes de la City porteña, decidió cerrar sus puertas. Y es que, a siete meses del levantamiento del cepo, el negocio sigue sin despegar. "Muchas empresas no pueden tomar la decisión de cerrar porque todavía tienen sumarios iniciados durante la administración anterior. Pero no es nuestro caso, y decidimos cerrar porque creemos que hoy el negocio pasa por otro lado", confirmó a LA NACION Fernán Peralta Ramos, presidente y accionista principal de Maxinta. La casa de cambios, que estaba por cumplir 53 años, este año dejará de operar en las próximas semanas, pero la marca seguirá existiendo a través de la compañía bursátil. "El mundo y nuestro país están transitando un proceso de profundos cambios en materia de administración de patrimonios. Bajo este nuevo paradigma esperamos un importante desarrollo del mercado de capitales y una sostenida participación de los argentinos en el mismo", aseguró Peralta Ramos. "Para acompañar a nuestros clientes en esta etapa, hemos decidido focalizar los esfuerzos en los negocios bursátiles ofrecidos por Maxinta Valores", aclaró. La realidad es que el negocio de las casas de cambio entró en crisis con el cepo cambiario. Mientras duró, se vivió una gran depuración de firmas. Prácticamente, el número se redujo a la mitad: de 60 entidades, apenas quedan unas 30. Y hay quienes afirman que detrás de Maxinta antes de fin de año habrá nuevas bajas. Dado que si bien muchas especulaban con una reactivación del negocio con el fin del cepo, hasta ahora no ha sucedido. De hecho, en marzo y junio pasado entraron en vigencia nuevas exigencias de capital -los requisitos aumentaron en un 315% con respecto a los que regían en 2015-, pero el volumen de negocios casi no creció, incluso, en algunos meses fue tan bajo como en pleno cepo. "El sector está en una situación muy complicada", admitió a LA NACION Mario Mochetti, presidente de la Cámara de Casas de Cambio (Cadecac). "Estamos ávidos de que el Banco Central considere cambios en la operatoria. Porque hay muchas cuestiones operativas que están aun más trabadas que antes del cepo. Tampoco vimos una depuración de los sumarios que se habían iniciado durante el cepo, como se dijo en algún momento", explicó. En las casas de cambio se quejan de que existen trabas que las sitúan en desventaja con respecto a bancos o empresas dedicadas el negocio de remesas. Una de ellas es la restricción que existe para realizar operaciones en efectivo de más de 500 dólares. Si un cliente, por caso, desea comprar moneda extranjera en una casa de cambio por un monto superior, debe hacerlo con tarjeta de débito y, al mismo tiempo, pagar el costo que cobran las redes dueñas de los sistemas, que ronda el 1,5 por ciento. Mientras que si el mismo cliente hace la operación cambiaria dentro de su banco, el costo es cero. El mismo límite para operar en efectivo, aseguran, deja afuera a las casas de un negocio del que hasta no hace mucho participaban, que es el de las remesas. Dado que las compañías que se dedican exclusivamente al negocio de remesas no tiene montos máximos de efectivo. También en el sector reclaman una extensión del horario de operaciones, ya que aseguran que si un no residente quiere cambiar divisas después de las 15 (o de las 13 en algunas plazas del interior), ya no puede hacerlo en el sistema formal, dado que por regulación del BCRA las entidades sólo pueden atender entre las 10 y las 15. "Hay otras operaciones que incluso empeoraron después del cepo y que afectan sobre todo a las casas de cambio grandes, cuyo negocio no era el de vender dólares por mostrador, sino el de operar con clientes grandes", dijo otro cambista con la condición de no ser identificado. En el BCRA están al tanto de la problemática. Según fuentes de la entidad, se está trabajando en una serie de normas para potenciar sobre todo el negocio de las casas de cambio a través de Internet. Muchas entidades, sin embargo, no parecen dispuestas a seguir esperando. |