Por Guillermo Laborda - Varios mensajes se enviaron ayer desde el mercado con la emisión del bonos en pesos a tasa fija al 22,75% anual con vencimiento en 18 meses. El equipo económico se alzó con $15.211 millones, el equivalente a u$s1.000 millones. Pero, observando la composición de los pedidos, si el secretario de Finanzas, Luis Caputo, hubiera convalidado el 23%, hubiera podido captar $6.500 millones adicionales. Y si llevaba la tasa al 23,5% eran $10.000 millones más, superando los $25.000 millones habilitados como emisión total para este papel. En licitaciones anteriores -en todos los gobiernos, a decir verdad- era habitual observar que el total de pedidos por un bono se inflaba con el truco de que entidades amigas se anotaran con fuerte demanda. Se lo hacía a una tasa tan elevada que nunca se iban a aceptar esos pedidos pero servía ese accionar para mostrar "una demanda cinco veces mayor a la oferta", por ejemplo.
¿Por qué Caputo no aceptó esos $10.000 millones adicionales si el costo adicional era solo de 75 puntos básicos? No solo el mercado está convencido de que se viene una fuerte baja de la tasa en pesos o que el dólar seguirá bajo control. La Secretaría de Finanzas al parecer también y seguramente en octubre repita una nueva colocación en pesos a tasa fija aunque, tras la repercusión de lo sucedido ayer, quizá lo haga a mayor plazo. Por eso la decisión de dejar demanda insatisfecha -ayer quedaron fuera fondos del exterior - y saciarla a un menor costo en las próximas semanas. Pese a las rispideces que acumulan Alfonso Prat Gay y Federico Sturzenegger, esta colocación los debería hermanar. No hubiera sido posible si el BCRA no hubiera generado la sensación en la plaza de que tasas y precios iban a estar en descenso con el correr de los meses. Y que el tipo de cambio no puede dispararse demasiado. Y del otro lado, Prat Gay ahora colabora con el BCRA en la absorción de pesos. Del odio, ahora debería surgir el amor.
Otros mensajes encriptados del mercado se pueden ver en la comparación de rendimientos. Según analistas consultados ayer por este diario, los bonos que ajustan por el CER comparables se operan en la plaza con tres puntos adicionales al ajuste por la evolución de los precios. Esto permite inferir que el mercado convalida una inflación del 19,75% para 2017, por encima del 17% que proyecta el BCRA pero apenas 2,75 puntos.
Una de las suspicacias que siempre se generan en las emisiones de deuda es la participación de las entidades oficiales como el ANSES. Fuentes consultadas aseguraron que fue del orden de los $2.000 millones. El temor era que ese monto hubiera sido del doble. Menor en definitiva a lo que se hubiera esperado.
Por último el mensaje final versa sobre el tipo de cambio. La tasa de interés implícita en las operaciones de dólar futuro (el mayor plazo y liquidez razonable que se opera es el de abril de 2017) es del 24,5% anual. Puede deducirse entonces que los precios del dólar a futuro en la Argentina están elevados, o bien este nuevo bono en pesos está sorbevaluado y debería ofrecer un retorno mayor. Con el correr de los días debería arbitrarse esta diferencia.
Esta pesificación del mercado no es sólo local. También varios fondos del exterior vienen participando de la "lebac-manía" y ahora de la versión del Tesoro. ¿Cuánto durará? Imposible predecirlo. Como en algunos amores, a veces hay fisuras. Un giro en el mercado internacional puede revertir esta tendencia. Por ahora nadie la ve. Ni aún con la suba de tasas en EE.UU. Habrá que ver cuánto resiste este enamoramiento.