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| ¿De qué atraso cambiario hablan? |
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| Texto informativo:
08/09 - 07:41 Ambito Financiero |
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Por Aldo Abram - Algunos industriales han planteado sus quejas
sobre un supuesto retraso cambiario. Pero habría que entender a qué se
refieren, ya que suele ser a que el tipo de cambio no es lo suficientemente
alto como para compensar la ineficiencia de su empresa. En realidad, podemos
definirlo en términos sencillos como que el poder de compra de un dólar en el
mercado local es percibido como bajo. Esto no es raro. De hecho, desde el 17 de
diciembre de 2015, cuando salimos del cepo y el tipo de cambio se ubicó en $14,
el valor de la moneda estadounidense a nivel internacional cayó alrededor de
20%. O sea, debería comprar menos acá y en todo el mundo.
Por otro lado, en la medida en que todavía sigue existiendo gran cantidad de
restricciones a la importación que disminuyen la demanda argentina de divisas,
tampoco es extraño que su poder adquisitivo local baje. Si se quiere que suba,
hay que abrir la economía mucho más para aumentar la demanda de divisas; pero
las presiones son para cerrarla. Lo cual, sin duda, es contradictorio y, por
ende, absurdo.
Si alguien logra que protejan a su sector, éste puede sobrevivir a un tipo de
cambio real demasiado bajo para su competitividad. Sin embargo, hunde aún más
el valor local de las monedas extranjeras; por ende, a los sectores
exportadores y a otros que compiten con importables que no fueron protegidos.
Para generar un dólar de producción ineficiente (no puede competir con las
importaciones), se desalienta la producción de los exportadores, que son
eficientes. Si en nuestro trabajo priorizamos hacer aquello en lo que somos más
improductivos, difícilmente logremos progresar. Como país pasa lo mismo,
fomentar producción ineficiente desincentivando la de los eficientes termina
disminuyendo el bienestar del conjunto de la comunidad. Lo malo es que hay
economistas que piensan que pueden hacer magia y terminan empeorando las cosas.
Si cerramos la economía, permitimos que los productores locales puedan
vendernos productos caros y peores, ya que no tienen que competir con los
bienes que se ofrecen en el exterior. De esta manera, en la Argentina, todos
esos productos serán caros respecto a lo que valen afuera y eso no tiene nada
que ver con el tipo de cambio. En vez de poner a los empresarios al servicio de
los consumidores, el proteccionismo pone a la gente al servicio de engrosar las
ganancias de empresarios ineficientes. Otro absurdo.
No cabe duda de que otro factor que hace caros los productos en la Argentina es
el mayor costo tributario, laboral, regulatorio y de logística que gestaron
nuestros gobiernos, lo que afecta también a los productos importados. La
producción nacional de autos es un ejemplo que, más allá de ser una industria
que en su mayor parte es viable con grandes restricciones a la importación,
sufre una presión tributaria elevadísima. O sea, los vehículos son carísimos en
el país por ambos factores, protección e imposición. Pretender resolver las
comentadas causas del alto "costo argentino" con una devaluación es
un placebo coyuntural, que baja los costos internos momentáneamente, y luego
deja una resaca peor que la de antes.
Un caso clarísimo de encarecimiento por prebendas sectoriales es el del precio
mínimo del crudo y el alto valor fijado para el gas, para favorecer la
producción local. Menos energía importamos, menos dólares se demandan y, por
ende, menos conviene producir divisas (exportar) o sustituir otras
importaciones. Además, se elevan los costos internos de producción de las demás
actividades, por lo caro del flete o de los insumos derivados del petróleo,
haciéndolas menos competitivas y bajando su producción. También, se les quita
demanda a otros sectores de la economía, ya que todos tienen que ajustarse el
cinturón para pagar más al llenar el tanque. Conclusión, con la excusa de
salvar unos miles de empleos se termina ahogando otras actividades y dejando a
otras decenas de miles sin trabajo.
Sumemos otro ejemplo de cómo encarecer la Argentina, la propuesta de obligar a
los supermercados a dedicar un porcentaje de las góndolas a productos
regionales, como hacen en Ecuador (¿un país a imitar por su progreso y
desarrollo?). Si es para bajar los precios, es una medida absurda. Si esos
bienes no están en la góndola, es precisamente porque es caro ponerlos allí.
Por lo tanto, no hay forma de que el aumento de los costos de comercialización
de la cadena termine bajando los precios. Si el fin es que se promuevan las
producciones regionales, es distinto. Ese instrumento puede servir para ello,
pero aumentará el costo de intermediación y, por ende, los argentinos
deberíamos asumir que pagaremos más caro lo que se vende en los supermercados.
Este es el tipo de "mágicas" medidas arbitrarias que abundan actualmente
y que si queremos desarrollarnos, debemos desmantelar, no incrementar.
Por último, el día que alguien investigue la cantidad de regulaciones
innecesarias, tasas municipales absurdas e impuestos provinciales y nacionales
astronómicos que cargan sobre todo el aparato logístico y de comercialización
de la Argentina, entenderemos por qué pagamos lo que pagamos los argentinos en
las góndolas. Hasta que no exijamos que se desmantele esta maraña de prebendas,
de excesos de regulaciones absurdas y se busque un Estado eficiente que podamos
pagar, nos tendremos que conformar con ingresos de bajo poder adquisitivo.
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