ALCANZÓ U$S 94,6 MILLONES, PERO LA MITAD SON ARTÍCULOS DE BAJO VALOR AGREGADO El año pasado, los despachos crecieron casi un 60% respecto de 2003, pero el mayor volumen correspondió a huesitos de cuero para perros. Quejas por las retenciones. “La exportación de una cartera paga las mismas retenciones que la de cuero”, dice Raúl Sylbersztein “Tampoco se nos compensa con alguna otra política activa que diferencie los productos”
Luego de una segunda mitad de los ’90 difícil, que asistió al cierre de empresas como Rosenthal, Samsonite y Primicia, la devaluación de la moneda les trajo a los marroquineros locales –en general pymes familiares– una buena posibilidad. Por un lado, el arribo de turistas del tipo déme dos les funcionó como un paliativo de los alicaídos bolsillos locales. Por otro, algunas las compañías –sobre todo las de mayor cintura financiera o audaci– pudieron aprovechar las ventajas de los dolarizados mercados externos. A grandes rasgos, según las cifras de exportación que maneja la Cámara Industrial de las Manufacturas del Cuero y Afines (CIMA) son llamativas: el año pasado, los despachos de manufacturas de cuero fueron los más altos de los últimos quince años, al alcanzar los 94,6 millones de dólares, un 59,5% más que los u$s 59,3 millones del año anterior, y casi el doble de los u$s 50,0 millones de 2002.
Huesitos por camperas
Por desgracia, dicen los marroquineros, el 63% de esos envíos –u$s 59,5 millones– no lo conforman los artículos de mayor valor agregado, sino el rubro "otros", dominado principalmente por los llamados huesitos para perros, un producto bastante rústico realizado con el descarne de tripa sin curtir, que ingresó en el sistema global de preferencias (SPG) de Estados Unidos, cuyo principal productor en el país es la gigante curtiembre Sadesa.
Las ventas al exterior de artículos de talabartería, carteras, valijas, bolsos, maletines, cinturones, billeteras y ropa de cuero, que demandan mayor cantidad de mano de obra (desde aprendices, cortadores y costureros hasta empacadores y diseñadores), son mucho más modestas, pero de todos modos tienden a la suba. El año pasado, redondearon u$s 35 millones, pero, salvo la ropa (que cayó), estos rubros tuvieron incrementos del 14,3% al 35,8 por ciento.
"La estructura impositiva local fomenta la exportación de lo que tiene menor mano de obra. Nosotros vendemos diseño, no commodities", dice Raúl Sylbersztein, presidente de la cámara y dueño de la fábrica de carteras y equipaje ZH, que estima que la marroquinería (sin incluir zapatos) emplea en el país a unos 7.000 trabajadores en cerca de 450 fábricas.
"En 2002 teníamos una buena rentabilidad, con los precios que habíamos fijado en 2001. Pero, al año siguiente, fue cayendo en pos del volumen, el menor reintegro a la exportación, la suba del precio del cuero, de la electricidad y los salarios, y de un dólar que se estimaba en $ 3,50 y se estabilizó en menos de $ 3", dice.
Podría decirse que esas problemáticas son comunes a otras industrias. Sin embargo, los marroquineros sienten que el Gobierno no los protege en otro sentido: en el de que, para exportar, pagan un 5% de retenciones, lo mismo que los cueros semiterminados y terminados. "Necesitamos una marca país de manufacturas de cuero, acompañada de una política de apoyo al sector, como hizo Colombia, que logró posicionarse casi como Italia en este rubro, tras prohibir la salida de los cueros", enfatiza Sylbersztein.
Se trata de un conflicto similar al que enfrentó a los curtidores con los frigoríficos, pero que en ese caso se resolvió en favor de los primeros, con la implementación, en 2001, de un derecho específico de un 5% que grava la exportación de los cueros bobinos de menor valor agregado. "Si realmente el país quiere premiar el agregado de valor que lleva una cartera, debería incentivar más su exportación que la de cuero, quitando las retenciones o con alguna otra política", dice Sylbersztein.
En este sentido, los marroquineros se sienten en peores condiciones que los fabricantes de calzado, "que tienen protección y, como artículos de primera necesidad, un mercado mucho mayor".
Otro problema para el sector, en los artículos que no son de cuero, es la fuerte competencia de mochilas, carteras, billeteras y cinturones importados, el 94,2% proveniente de China. "Aún no se fijaron precios de referencia para las importaciones, pero tenemos un expediente abierto en la Aduana por resolverse", comenta Sylbersztein.
Mercados externos, el foco
Pese todo, varias empresas se las ingeniaron para exportar, en parte ayudados por la participación de la cámara en ferias internacionales, como la de Hong Kong. ZH, por ejemplo, logró colocar portafolios y equipaje en China, además de Japón, Chile y México. Marcelo Szarfmeser, dueño de DyMs Natural Pampa, está despachando el 70% de sus carteras a Canadá, Japón, España y Estados Unidos. Talabarterías como Ruiz Díaz o Santa Cruz se hicieron de un mercado interesante en Estados Unidos, básicamente con artículos de equitación.
La familia Farrell, de Cuerex, logró exportar productos y abrir tres franquicias en México, luego de lograr un fuerte posicionamiento de su marca Prüne. Carla Danelli, Angus, Pel, Lakers, Angus y Magalcuer son otros ejemplos. |