Los economistas no debatieron mucho la convergencia en el pasado: sencillamente, se produjo. Durante décadas, después de la Segunda Guerra Mundial los ingresos per cápita en Europa continental y Japón crecieron más rápidamente de lo que lo hicieron en la economía más rica, Estados Unidos. Este proceso se vio como algo natural. Pero la carrera por alcanzarla se estancó, y luego entró en marcha atrás, a partir de los ’90. Un estudio de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico ayuda a explicar por qué.
Las diferencias en el ingreso per cápita se pueden descomponer en la diferencias en las horas trabajadas y en la producción por hora. Por un gran margen, los europeos del continente son más pobres que los estadounidenses porque trabajan menos, mientras que los japoneses son también más pobres que los norteamericanos porque son menos productivos. La OCDE ha definido las políticas que sustentan los diversos países para estudiar hasta qué punto explican estas diferencias. Los resultados son asombrosos.
Algunos economistas piensan que la brecha en las horas trabajadas entre la eurozona y EE.UU. existe porque los europeos continentales valoran el ocio más que los estadounidenses. Si es así, para ellos sería óptimo trabajar menos y ganar menos. Otros creen que la diferencia radica en las malas políticas europeas. La OCDE encontró que las políticas explican casi todas las diferencias en las tasas de empleo, que representan el 60% de la brecha total en horas trabajadas.
La proporción de personas de entre 25 y 55 años que trabajan en la eurozona y EE.UU. es muy similar. La diferencia está en las tasas de empleo por debajo de 25 y por encima de 55 años. En particular, la mayoría de los países de la eurozona penalizan a los trabajadores que se siguen trabajando después de los 55 años, al no darles el valor total de las jubilaciones diferidas. Las preferencias culturales no parecen afectar la decisión de trabajar, aunque pueden influir en el número de horas que labora cada empleado.
Menos controvertido, es el hallazgo de la OCDE de que la brecha en la productividad de Japón refleja la no desregulación de los servicios, la falta de competencia en las industrias de redes, subsidios excesivos a la agricultura y un mercado laboral de dos niveles.
La OCDE le recomienda a Japón que haga mayores esfuerzos por incrementar la competencia en los mercados de productos, libere los servicios y unifique su mercado laboral. Señala que la UE ha sido un motor poderoso de liberalización en los mercados de productos. Pero queda mucho por hacer. Además, no se ha avanzado mucho en la reforma del mercado laboral de la eurozona.
Si se observan los detalles, lo que surge es que, aún dentro de la eurozona, cada país tiene tareas diferentes. No existe una respuesta que le sirva a todos. Este es un mensaje alentador para aquellos que no desean adoptar el modelo de EEUU. Pero también elimina cualquier excusa para la inacción. |