Por Javier Blanco - La plaza accionaria local ratificó ayer los saludables grados de independencia que ganó su índice de precios de referencia tras su reciente ampliación y diversificación. Inició así otra semana en alza pese a que el dólar anotó en la víspera su máximo a nivel mundial en algo más de 7 meses y la tasa de retorno de los bonos de Estados Unidos a 10 años escaló al 1,78% anual, niveles que no tocaba desde junio. Pese a este contexto en que prima la cautela y en el que viejos fantasmas (como el factor Trump) se reemplazan por otros nuevos (el pésimo comienzo de la temporada de balances en Wall Street), mientras otros tantos persisten (como es en el caso del sostenido desplome de la libra), el Merval logró cerrar con un avance marginal del 0,14% aun pese a haberse mantenido durante buena parte de la jornada en la "zona roja". Esta vez lo hizo apoyado en la firmeza que mostraron los papeles de las empresas ligadas al negocio eléctrico ( 2,9% Pampa Energía y 2,5% Transener) y la compañía que esta vez le dieron dos empresas que venían castigadas como la cementera Minetti ( 3,6%) y Comercial del Plata( 3,1%). Esto le bastó al Merval para cerrar 0,13% arriba pese a un balance desfavorable de apenas 8 alzas contra 13 bajas (más otras dos especies sin cambios). Pero la nota la dio la ola de decepción que generó el gigante mundial del aluminio Alcoa (encargado tradicional de abrir las "temporadas de balances") al informar que ganó US$ 317 millones al cabo de los 9 primeros meses del año, es decir, 16% menos que en igual lapso de 2015. La consecuencia fue que la acción sólo por eso bajó 11,4% arrastrando consigo al S&P, que cerró 1,3% a la baja en medio de un brote pesimista que dejó a todo Wall Street en rojo.
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