Por Carlos Burgueño - El Gobierno respira. Según los datos de la inflación de septiembre (1,1%) el mayor fantasma que amenazaba a Cambiemos estaría ya disipado. El alza en los precios de 2016 no llegará al número terminal del 42% que sufrió el país en 2002, el resultado que quedó luego de la salida de la convertibilidad, la megadevaluación de comienzos de ese año y, quizá, la crisis económica más dura en la historia moderna del país. Para el Gobierno de Mauricio Macri, tener que salir a explicar que el primer año de su Gobierno llevó a la Argentina al mismo nivel, o similar, que tuvo que reconocer Eduardo Duhalde; hubiera sido humanamente más que difícil. Y menos cuando por delante debiera enfrentar el electoral 2017.
Espantado ese temor, ahora la esperanza oficial se concentra en un segundo logro: que el resultado final de 2016 resulte inferior a 40%. Y, si es posible (hoy difícil), que se acerque al 37%. O menos.
El dato que más entusiasma al gobierno es que en el desagregado del Nivel General que presentó ayer el INDEC, el 1,1% se divide en un 1,5% en la denominada "Inflación Núcleo" (conceptualmente, todo un hit introducido en la vida económica argentina por las huestes de Cambiemos); con un 1,4% de caída en los precios regulados (por la suspensión de la aplicación de los aumentos en las tarifas de servicios públicos); y un 4% de afectación de los precios estacionales. Que la inflación núcleo esté en 1,5%, festejan en el Ministerio de Hacienda, hace que el alza de precios estructural se ubique en el nivel que desde el Banco Central que maneja Federico Sturzenegger viene reclamando cada martes al explicar su política de tasas de Lebac. De hecho, esta misma semana, el informe explica la decisión de sostener los intereses en el 26,75% anual a que aún no se puede confirmar que la inflación núcleo esperada para fin de año se ubique en el 1,5%. Para los habitantes del Palacio de Hacienda, que en septiembre se haya consolidado ese porcentaje, es la prueba irrefutable que la política de contracción de la inflación núcleo está dando resultados y que, salvo la inevitable alza de octubre (fruto de cuestiones estacionales), para los últimos dos meses del año se repetirá el 1,5%. O menos. La inflación de septiembre es además la menor desde que el INDEC retomó las mediciones inflacionarias en mayo pasado. Salvando el cálculo de agosto, cuando aplicó de lleno la decisión de la Corte Suprema de no autorizar los aumentos tarifarios en el gas, el 1,1% representa menos que el 4,2% de mayo, el 3,1% de junio y el 2% de julio. Se puede comparar además con la inflación que mide la Ciudad de Buenos Aires (la de mayor sintonía demostrada con el nuevo IPC), donde en enero se registró el 4,1%, febrero el 4%, marzo el 3,3% y abril un alarmante 6%. En todos los casos, la inflación nacional registró un incremento levemente inferior a la porteña, con lo que puede asimilarse un anualizado acumulado de algo menos de 30%. Hacia delante el Gobierno puede especular con un 2,5% en octubre (fruto del alza de tarifas) y entre 3,5 y 4% entre noviembre y diciembre. Si se le dieran estos resultados, el número final de 2016 llegaría al tan ansiado límite de 37%, alejándose del 40% y mucho más del fantasmagórico 42% de 2002.