La importante aceptación obtenida por la propuesta de canje de deuda constituye sin lugar a dudas un logro mayúsculo del Presidente y del equipo económico encabezado por el ministro Lavagna.
Más allá de los eventuales reparos que pueda poner el Fondo sobre el porcentaje alcanzado y la discusión sobre una eventual reapertura para los que no ingresaron en el plazo establecido, el resultado constituye de hecho el fin del default y crea condiciones más que propicias para consolidar la recuperación en marcha y transformarla en crecimiento sostenido.
Para ello, el enfoque que sostiene el ministro combina cuatro ingredientes centrales: tipo de cambio competitivo, políticas activas para el aumento de la tasa de inversión, disciplina fiscal y descenso del endeudamiento público. Hoy en día parece existir un importante consenso en torno de ese enfoque, al menos en sus grandes lineamientos.
Ahora bien, aún coincidiendo en los grandes lineamientos, es evidente que no hay una sola manera de llevarlos a la práctica. No es una verdad revelada cuál es la combinación más adecuada de política monetaria y cambiaria capaz de asegurar la competitividad del tipo de cambio en un marco de baja inflación. Tampoco existe una receta única de políticas activas que asegure la respuesta de la inversión, y mucho menos una sola vía para sostener la disciplina fiscal. Por último, el endeudamiento público se puede reducir rápida o paulatinamente, refinanciando una proporción menor o mayor de los vencimientos futuros con los organismos internacionales.
Es por ello que el gobierno necesita promover el debate y no debe temerle a la crítica. Es cierto que hay quienes simplemente defienden intereses sectoriiales o critican desde la soberbia y la mala fe. Pero en la mayoría de los casos la crítica es constructiva y contribuye a una formulación más adecuada de las políticas.
Si efectivamente el gobierno cree, como afirma, que el crecimiento sostenido es responsabilidad de todos, debe actuar en consecuencia. |