LOS PAÍSES RICOS PLANEAN OFRECER INCENTIVOS FINANCIEROS A LA INDUSTRIA PARA COMBATIR EL SIDA Y LA MALARIA El G-8 está considerando crear un fondo para la compra anticipada de vacunas y medicamentos que van a ser usados mayoritariamente en los países más pobres Para miles de millones de potenciales víctimas del SIDA y la malaria en el mundo en desarrollo, una vacuna efectiva y confiable puede ser la salvación, pero para la firma de biotecnología o el laboratorio que la descubra puede ser una píldora envenenada.
Owen Barder, director del programa de Salud Pública del Centro para el Desarrollo Global, un think-tank estadounidense, comentó que un representante de la industria farmacéutica le dijo que "en cierto modo, descubrir una vacuna contra el SIDA era su peor pesadilla".
La malaria mata por lo menos 1 millón de personas al año y el VIH/SIDA más de 3 millones; la mayor parte de estas víctimas habitan en el Africa subsahariana. Sin embargo, Barder opinó que la ambivalencia de los grandes laboratorios con respecto a la posibilidad de encontrar una vacuna no se debe a una falta de ética de su parte sino a la carencia de incentivos para desarrollar medicamentos y vacunas que van a ser usadas, principalmente, en países pobres.
Ahora, el Grupo de los Ocho países más industrializados (G-8), espera poder cambiar esos incentivos y planea programas de compra anticipada de vacunas para la malaria y el SIDA, en los cuales los países donantes proveerán fondos para el desarrollo de drogas.
El actual sistema de patentes de medicamentos está diseñado para permitir que las compañías recuperen los costos incurridos en el desarrollo de una droga, otorgándole un monopolio temporal. Pero el incentivo para que las farmacéuticas dediquen miles de millones de dólares a la investigación y desarrollo de drogas disminuye ante la posibilidad de que las naciones pobres no respeten el sistema de patentes en caso de emergencia médica. Esto es algo que pueden hacer porque en ese caso están respaldadas por las normas internacionales sobre derechos de propiedad intelectual. Y, además, simplemente no tienen fondos para pagar.
Considerando que los investigadores llevan más de 20 años buscando una vacuna contra el SIDA, es evidente que a cualquier compañía que desarrolle se la presionará para que la produzca, aunque sea a pérdida, para su uso en los países en desarrollo.
Roger Bate, miembro residente del conservador American Enterprise Institute, en Washington, dijo que la investigación para encontrar drogas y vacunas contra el SIDA disminuyó en alrededor de un tercio entre 1997 y 2003, después de que las compañías fueron obligadas a vender baratas las drogas antirretrovirales.
"Cuando países cuyos habitantes tienen un nivel de ingresos mediano, como Brasil, empiezan a demandar antirretrovirales al costo, las compañías sólo pueden recuperar lo que invierten en investigación en los mercados de EE.UU., Europa, Japón y un par de otros países", explicó Bate.
En el caso de enfermedades tropicales como la malaria, dejando de lado las fuerzas armadas destacadas en el exterior y los que viajan con frecuencia, es improbable que el mercado de los países ricos resulte suficiente para compensar lo gastado en investigaciones. "Si no hay un mercado, no se invertirá mucho en combatir estas enfermedades del mundo en desarrollo", ha dicho Bill Gates, el co-fundador de Microsoft. La fundación de su familia ha aportado miles de millones de dólares a la investigación de vacunas.
Un fondo de compra anticipada podría ofrecer incentivos de inversión. Sin embargo, es muy probable que el elemento crucial de un plan semejante sea un compromiso legalmente vinculante por parte de los países donantes, por el cual aseguren que pagarán en el futuro por una vacuna eficaz. Si se lo diseña con inteligencia –tal vez previendo un estipendio por cada inoculación– el fondo puede cumplir la función del mercado, permitiendo que las vacunas más modernas sustituyan a las anteriores, así no será la primera en ser inventada la que se quede con todo el premio. Barder cree que un fondo de alrededor de 3.000 millones por cada enfermedad bastará para alentar el desarrollo de vacunas.
Otra opción sería permitir que las farmacéuticas alarguen el período en que sus medicamentos existentes están protegidos por las patentes, a cambio de que distribuyan nuevas vacunas gratis o a bajo precio. |