Por Carlos Burgueño - Por ahora hay tranquilidad en el Gobierno. Hasta ayer los datos que llegaban desde los Estados Unidos eran que no hubo mayores cambios en el apoyo que desde el sistema financiero norteamericano se le está dando al blanqueo de capitales. Según la información que llegó desde ese país, los clientes de los principales bancos radicados en EE.UU. siguieron comunicándose con sus clientes argentinos para recomendarles abiertamente que ingresen en el llamado.
Aunque no advierten sobre las consecuencias de no sumarse al llamado, aún mantienen la postura iniciada en octubre, luego de la visita al país de septiembre del secretario de Tesoro Jack Lew.
El funcionario había llegado a Buenos Aires para reunirse con el ministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay, encuentro en el que se comprometió a avanzar en el impulso político de un acuerdo entre la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) y la Internal Revenue Service (IRS), el organismo recaudador de impuestos en Estados Unidos. También se comprometió a interceder ante el sistema financiero de su país para que se apoye el sinceramiento de capitales. Lew cumplió con esta última promesa y sólo unos días después de su visita a Buenos Aires, los clientes argentinos de los principales bancos de ese país comenzaron a ser comunicados en privado sobre la existencia del llamado y la conveniencia de sumarse.
En el Gobierno se relaciona esta acción no sólo con Lew sino también con la influencia de un "aliado" privado que el Ejecutivo tiene en el corazón del sistema financiero norteamericano. Se trata del CEO de JP Morgan Chase Jaime Dimon, quien ayer se reunió con el propio Mauricio Macri en una breve visita al país, encuentro en el que el Presidente incorporó a Prat Gay y al secretario de Finanzas, Luis Caputo. El banco, con sólidos contactos dentro del Gobierno, fue el primero que se comprometió a ejecutar las comunicaciones con sus clientes locales y continúa presionando luego de la elección de Donald Trump como presidente norteamericano. Hay otra esperanza sobre Dimon.
Tal como adelantó el viernes pasado, al banquero se lo menciona como posible contacto directo sobre el futuro jefe de Estado de EE.UU. al punto de especularse con que se convierta en el sucesor de Lew. De ser así, la esperanza sobre el blanqueo es que dados sus sólidos contactos locales se convierta en un embajador financiero argentino sobre Trump. Y que defienda que el próximo presidente de Estados Unidos continúe con la presión sobre el Ejecutivo para que avance el acuerdo entre la AFIP y el IRS.
Sobre este acuerdo, ya se sabe que no habrá más novedades de parte de la administración de Barack Obama para que acelere con el pacto de intercambio de información entre los dos entes recaudadores. Como cualquier otra decisión internacional, los demócratas dejarán que sean los republicanos los que definan la suerte de este tipo de acuerdos, luego que Trump asuma en enero de 2017. Todo dependerá entonces de las gestiones que desde Buenos Aires se hagan con el próximo Gobierno. Y se cree que Dimon puede continuar ayudando.
La Argentina había comenzado a negociar directamente con la administración de Barack Obama, desde junio de este año, la posibilidad de firmar este acuerdo bilateral. Prat Gay lo habló directamente con Lew en su reunión de Buenos Aires, mientras que Caputo insistió el 3 de octubre en Washington en un encuentro con hombres de Lew durante su visita a la capital norteamericana en el medio de su presencia por la reunión anual del Banco Mundial y el FMI. Lew había asegurado durante su paso por Buenos Aires que para el Gobierno de Obama el acuerdo era prioridad, pero mencionó que si ganaba Trump, el acuerdo dependería de lo que decida la próxima administración. También se habló sobre la necesidad de trabajar con los propios estados, ya que la única información con la que cuenta el IRS es sobre los impuestos federales. Los locales deberían ser negociados, también, con los propios estados. Esto incluye tres complicados: Nevada, Delaware o Alaska, donde el secreto bancario es parte del éxito.