Por Ignacio Olivera Doll - Será el efecto de un esfuerzo monetario llevado adelante por el Banco Central en la mayor parte de este año: según las previsiones que tienen dentro del Gobierno, sobre la base de las estimaciones que ya le acercaron las consultoras privadas, noviembre arrojará una inflación de entre el 1,3% y el 1,8%, que será inferior a la de agosto (2,4%) y que estará ya muy cerca de la meta que se fijó como objetivo públicamente para el último mes de este año (1,5%).
La cifra oficial se conocerá recién dentro de diez días. E incluirá, además, el anuncio de un retroceso en la llamada "inflación núcleo" -la que excluye la suba de los servicios regulados e intenta reflejar la verdadera "inercia" que tienen los precios-, que en agosto había llegado a ser del 1,8%.
Los datos provisorios que llegan de las consultoras son más que optimistas: los de PriceStats, elaborados por economistas del MIT, arrojan inflación menor a 1,6% en noviembre; Elypsis habla de un rango de entre 1,3% y 1,5%; la consultora Bein, de 1,5%; Macroview, de 1,5%; Fiel, de entre 1,5% y 1,7%; y Ecolatina, de 1,8%.
Con esto, al Gobierno le alcanzará para hablar a partir de ahora de "una inflación promedio del 1,5% en el segundo semestre", que habrá ratificado el "proceso de desinflación". Será la "cosecha" que podrá finalmente recoger Federico Sturzenegger, después de haber sembrado un extenso ajuste sobre la economía argentina. Y que lo forzó, durante muchos meses, a afrontar los altos costos del parate en la actividad y las presiones del Ministerio de Hacienda.
Según las mediciones de las consultoras privadas, la suba de precios de este mes para el área metropolitana estuvo explicada por el encarecimiento del subte (la tarifa en Buenos Aires aumentó un 66%) y de algunos alimentos (como por ejemplo, la carne) y bebidas. El freno se verá más fuerte en el resto de los sectores; especialmente en electrodomésticos, en un mes de fuertes promociones.
Así, la desinflación de noviembre será el efecto de una política contractiva que se extendió, al menos, hasta octubre pasado. En el Central se esfuerzan ahora por negar un viraje hacia la heterodoxia, a pesar del reciente aumento que se vio en el ritmo de emisión de pesos (del 19,5% al 22% anual). Advierten que es "la propia respuesta del mercado" la que, en cada licitación semanal, indica que aumenta la demanda de dinero y que hay margen para expandir la cantidad de billetes en la economía. "Con el dinero considerado como una variable endógena, lo que hay (de emisión) es lo que la gente quiere tener", explican.
La aclaración apunta a despejar un dato que resultó curioso a muchos: que la mayor necesidad de pesos de los argentinos se haya dado ya a mitad de octubre (y no recién en diciembre, como sucede todos los años), y precisamente en un momento en que se veía caer la actividad. Al respecto, el BCRA recuerda que la tasa de interés del 24,75% anual sigue siendo fuertemente contractiva: rinde 5% real si se considera que la inflación esperada es menor al 20% anual.