Por Guillermo Laborda - La Argentina suma una nueva paradoja: se esperaba del primer ministro de Macri en lo económico que tuviera una duración breve, efímera, porque era quien supuestamente debía hacer un feroz ajuste y no iba a poder resistir mucho en el cargo. Prat Gay se va del Gobierno al año de haber asumido, pero sin haber efectuado ningún ajuste en las cuentas públicas. Es lo paradójico. Lo que criticó al llegar al 5 piso del Ministerio de Hacienda es lo que deja. ¿Y ahora? El Gobierno vuelve al casillero de salida tras doce meses y con la misma tarea por delante en lo que de cuentas públicas se trata. Es más difícil reducir dos puntos del PBI el rojo fiscal que cerrar un acuerdo con los holdouts.
La salida de Prat Gay se da por una repetición de tarjetas amarillas. Ya estaba enfrentado con Federico Sturzenegger, con Carlos Melconian, y en los últimos treinta días se sumó a ese club Mario Quintana. Rogelio Frigerio adhería en silencio. El propio Quintana le frenó la iniciativa de Prat Gay de llevar a 45 por ciento la alícuota de Ganancias para los empleados de salarios más altos. Era un Machinea 2, por el impuestazo del exministro de De la Rúa al asumir en diciembre del 99. Y buceando en el ADN de Prat Gay, no hay ninguna muestra que lo relacione al PRO. Fue el propio Luis Caputo que lo acercó a Mauricio Macri hace dos años en el country Cumelén, en La Angostura.
El timing de la salida de Prat Gay se da antes del cierre del blanqueo, proceso que le hubiera proporcionado más oxígeno dado que se encamina a alcanzar monto récord. La mesa chica, Marcos Peña, Quintana y Gustavo Lopetegui, vieron la necesidad de que la remoción fuera esta semana. Y Mauricio Macri, como ya hiciera con Guillermo Dietrich e Isela Costantini, avaló.
El reemplazo fue fácil. En primer lugar, para que Luis Caputo se quede a cargo de la estratégica área de Finanzas, había que ascenderlo y no relegarlo a ser segundo de otro ministro. En momentos en que la Argentina debe salir a buscar 30.000 millones de dólares en los mercados, no se puede dar el lujo el Gobierno de dejar ir a Caputo. Pero este funcionario en realidad ya tenía vuelo propio. Hablaba directamente con Mauricio Macri y con Mario Quintana sin pasar por Prat Gay. Lo mismo hacía con Sturzenegger o Melconian. Es el primo de Nicolás Caputo. Su relación con Prat Gay no era la de antes. La salida de Luis Blaquier del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de ANSES debió ser cubierta por un hombre de Prat Gay. Finalmente se aprovechó Emilio Basavilbaso de esa lentitud del entonces ministro y cubrió ese cargo, que es estratégico para el ministro de Hacienda (el FGS es un comprador vip de bonos).
Arribo
Y Nicolás Dujovne llega tras haber estado un año en la Fundación Pensar durante la campaña de 2015. Era el experto en cuestiones fiscales. Conoce y se lleva bien con todos los economistas del Gobierno. Con Frigerio compartieron el hecho de ser integrantes del equipo de Roque Fernández y Pablo Guidotti. Sturzenegger le ofreció apenas asumió ser el vicepresidente o director del BCRA, lo que fue rechazado por el ahora ministro. A Melconian lo conoce desde que estaba a cargo del área de Research del Banco Galicia, puesto al que fue recomendado por Miguel Bein. Pero más relevante que el fin a la grieta es que llega un fiscalista a Hacienda. Lo ideal, como señalara el propio Pablo Guidotti en una entrevista con Ámbito Financiero hace un año, es que "el que gasta se ocupe de conseguir cómo pagar". Traducido, significa que Hacienda tenga a Finanzas bajo su órbita. No pudo ser en esta ocasión.
Le toca a Dujovne una tarea difícil por delante. Va a encararla. Es lo que habló ayer con Marcos Peña en una reunión por la tarde. Sabe Dujovne también que el actual rojo fiscal se lo puede financiar en 2017, pero en 2018 el mercado no le prestará para cubrir semejante deficit de 5% del PBI. O de 7% según como se lo mida. Seguramente armará un equipo con especialistas en el área. Podrían ser Javier Finkman, Nicolás Gadano. Macri lamentablemente no puede rebobinar. Nunca tuvo un equipo económico. Eran funcionarios sueltos. Ahora se acabó la grieta. Pero debe aparecer el cartonero, es decir, el que cuide el gasto.