La iniciativa del Banco Central, de gravar los depósitos para eliminar el llamado "impuesto al cheque", podría quedar este año apenas como una expresión de deseo. Dentro del Gobierno reconocieron ayer a este diario que la propuesta llegó a los despachos de Hacienda por un impulso del organismo que preside Federico Sturzenegger, y que no fue acercada, como se dijo, por un grupo de bancos privados.
El globo de ensayo del Central, difundido a través de la prensa, ni siquiera empezó a ser analizado y debatido seriamente dentro del ministerio. Los funcionarios recibieron el pedido, pero consideran, en primer lugar, que resultaría inútil para aumentar la recaudación fiscal y nocivo para ampliar la bancarización. Agregan también que es un año difícil para considerar este tipo de medidas y, más aún, con minoría de legisladores en el Congreso nacional.
Hace unas semanas, la iniciativa de Sturzenegger trascendió como un mecanismo para reemplazar el impuesto al cheque, considerado distorsivo para la actividad productiva y un impulso a la bancarización. Desde el sistema financiero algunas fuentes también consideran que la medida podría provocar un efecto contrario al buscado por el Central: limitar el fondeo para los bancos (y con esto encarecer el crédito) y alimentar la informalidad en el sector privado.
Semanas atrás, en una conferencia de prensa, durante la presentación del informe de política monetaria, Sturzenegger reconoció que la medida es "sólo una propuesta" y "sumamente incipiente". Y aclaró que tiene que ver más con las transacciones en efectivo entre personas jurídicas que con los depósitos. "Es área de competencia de Nicolás Dujovne. Pero se sabe que nosotros estamos en una cruzada contra el efectivo", se entusiasmó. Dentro del Gobierno consideran inútil y hasta nociva la medida porque temen que, a partir de ella, el dinero se deposite en financieras o cooperativas y empeore la recaudación fiscal.