La estabilidad es posible, pero los operadores temen que el
fortalecimiento de la moneda genere desequilibrios cambiarios en el
mundo emergenteÉste es un momento difícil para los operadores cambiarios que
enfrentan la preocupante combinación de incertidumbre sobre las
políticas, fluidos acuerdos comerciales internacionales y cambios en las
prácticas oficiales. Es un desafío que excede a los mercados
financieros. Las operaciones de cobertura que hacen las compañías
multinacionales y el manejo de desequilibrios cambiarios en el mundo
emergente se ven afectados.
El dólar inicialmente subió cuando la victoria
electoral de Trump alimentó las expectativas de mayor crecimiento,
repatriación de capitales y política monetaria más restrictiva todo lo
cual aumenta el atractivo de los activos nominados en dólares. Eso,
junto con el alza post Trump de las acciones y rendimientos del
gobierno, posteriormente se detuvo porque los participantes del mercado
esperaban que los anuncios de políticas se tradujeran en diseño y
aplicación. Incluso la señal de drástica desregulación financiera no
pudo evitar la cuarta semana consecutiva de debilidad del dólar.
Los mercados cambiarios además deben lidiar con
incertidumbres poco habituales relacionadas con los regímenes
comerciales internacionales y los comentarios de la Casa Blanca.
Durante décadas, EE.UU. encabezó la globalización
económica y financiera, dándole forma, alentando a las organizaciones
multilaterales a apuntalarla con un enfoque basado en las normas y
motivando a otros países a mantener el ritmo. Eso ahora ya no sucede,
agravado por el Brexit y la creciente influencia de otros movimientos
anti establishment en Europa. De por sí, las relaciones comerciales
internacionales están en duda como nunca en muchas décadas.
El nuevo gobierno norteamericano cambió
drásticamente la antigua práctica de los comentarios oficiales sobre la
política cambiaria. La tarea de reiterar el mensaje de "dólar fuerte" ya
no está reservada sólo al secretario del Tesoro. Por el contrario, los
funcionarios encabezados por el presidente Trump se quejaron de la
solidez del dólar y ampliaron el grupo de países a los que ellos acusan
de manipular la moneda más allá de China: también incluyeron a Alemania y
Japón. A su vez, eso empoderó a los políticos alemanes a apuntar el
dedo acusador hacia el Banco Central Europeo, lo que creó nuevos temores
por las presiones políticas.
Como resultado, todo eso confunde a los motores y
las implicancias de las medidas cambiarias. Pero eso no necesariamente
significa que sea posible opinar sobre cuál será el comportamiento del
dólar en los próximos trimestres. Específicamente, dependerá de cuatro
factores:
- Si los motores cíclicos de la recuperación
europea y japonesa desarrollan brotes estructurales más profundos. A
menos que lo hagan, es sólo cuestión de tiempo para que las expectativas
se reviertan y se coloquen nuevamente a favor del mejor desempeño
económico norteamericano.
- Si la Reserva Federal será más estratégica en su
pronóstico para las tasas de interés. Como quedó claro otra vez la
semana pasada, la Fed todavía se equivoca cuando se muestra a favor de
"tasas bajas durante mucho tiempo", porque teme a que la alternativa
pueda terminar en un ajuste de política prematuro que descarrile el
crecimiento. Cuanto antes abandone esa actitud , mayor será el
diferencial de tasa esperada versus otros países avanzados, y menor será
el riesgo de futura inestabilidad financiera.
- El equilibrio al que lleguen el presidente Trump y
el Congreso entre las políticas pro y anti crecimiento. Las primeras,
incluyendo la desregulación y la reforma fiscal, impulsan el dólar
mientras que las últimas tienen un impacto más impredecible dependiendo
en parte de si otros países contraatacan.
- Si la política conflictiva implica una mala
economía. La inclinación por consentir a ciertos segmentos de la
población es lo que alimenta la retórica proteccionista. Hay que ver si
esta tendencia sobrevive a una evaluación más rigurosa de las
consecuencias que generan las antiguas relaciones comerciales
disruptivas que le sirvieron a EE.UU. en general, aunque no en forma
uniforme.
El análisis de esos factores llevan a las
siguientes conclusiones: El dólar se apreciará con el tiempo porque los
tres primeros factores amplían la divergencia de política económica y
monetaria a favor de EE.UU. Segundo, es poco probable que la política
desvíe al dólar de su rumbo hacia el fortalecimiento, al menos
inicialmente, pero el trayecto será movido.
Y finalmente, el impacto general sobre la economía
mundial también dependerá de si otros países aceptan el desafío de la
reforma económica. Si lo hacen, el nuevo equilibrio económico global
será sostenible y el dólar se estabilizaría. Si no, la apreciación del
dólar será disruptiva para los mercados financieros en el extranjero con
grandes desequilibrios cambiarios, particularmente en el mundo
emergente. |