Por Alejandro Mayoral - La semana pasada el secretario de Comercio, Miguel Braun, se refirió a un artículo publicado donde se compara el precio del mismo artículo producido y vendido en la Argentina con el que se puede encontrar en un país limítrofe. La diferencia ascendería al 35% en promedio. Algunos políticos se manifestaron indignados y propusieron investigaciones y encontraron en esta diferencia una prueba más de la voracidad empresaria. De estas investigaciones , adelantó, si es que se llevan a cabo, no puede salir nada bueno para el país ni para el consumidor argentino ni para las empresas exportadoras. Es más, pareciera que los que critican no conocen las modalidades habituales del comercio internacional.
El empresario vende al precio que puede, tanto aquí como en Paraguay y ese precio puede ser el que le gustaría o no ,dependiendo de lo que el mercado le permita.
La práctica de vender más caro en el país de origen que en los destinos de exportación se denomina "dumping" y puede ser reprimido en el país de destino mediante derechos adicionales de importación por el valor de esa diferencia en la medida en que esas ventas hagan o amenacen con hacer un daño grave a la producción local de ese mismo producto. Cuando se vende al exterior el exportador argentino no le carga al producto el valor de la mayor parte de los impuestos que sí debe pagar en el país de la misma forma que quizás consigue mejor financiación para exportar que la que le ofrecen para vender localmente o el cliente presenta menos riesgo . En ocasiones puede tener incentivos para exportar. Cuando el empresario hace sus cálculos para definir el precio de exportación y establece un margen de utilidad, puede resultar que al tener menos costos que en el mercado doméstico, termine vendiendo mas barato en Paraguay o donde sea. También podrían existir otros factores pero a los efectos prácticos sería el mismo razonamiento. Si insistimos en investigar y perseguir a quienes en última instancia lo único que hacen es comportarse de la misma manera que sus competidores, lo que lograremos es que a las exportaciones argentinas se la abran investigaciones por "dumping" en esos destinos. Eventualmente podríamos perder lo que seguramente costó mucho conseguir. Perder esos mercados por una acción derivada de nosotros mismos es como pegarse un tiro en un pie ya que no redundará en la baja de los precios locales sino en caídas de exportaciones y en consecuencia en menos inversión y empleo.