Por José Siaba Serrate - La administración Trump cumple un mes en funciones y, a su manera, una promesa. No ha tenido tiempo material para hacer grande a EE.UU. de nuevo. Pero, a modo de pago a cuenta, el Trump rally le ha hecho ganar a Wall Street más altura que nunca. La rutina es simple: semana que pasa, semana que cierra con récords flamantes. No durará por siempre, por supuesto, pero si como se dice, la Bolsa anticipa -y ya trepó el 10% desde que el magnate inmobiliario ganó las elecciones en noviembre-, la perspectiva económica que adelanta es de una bonanza tal que hoy nadie más imagina. Y la brecha se hace mayor día a día, cuanto más se conoce sobre el proceso caótico de toma de decisiones en la Casa Blanca.
¿Pura timba?¿Síntomas de fiebre? ¿O perspicacia? Sería un error apurar una respuesta definitiva. La excitación del rally es fuente lógica de sospecha, pero, a decir verdad, al Trump que ladra pero no muerde, la Bolsa lo caló antes de asumir, mucho antes que cualquier especialista. Y conste que al trío de feroces cancerberos del comercio que habita en su gabinete -Wilbur Ross, Robert Lighthizer y Peter Navarro- el presidente ni siquiera les quitó el bozal. Las opiniones, con todo, están divididas. A David Stockman, quien fue el director de Presupuesto en tiempos del presidente Reagan, lo que sugiera la Bolsa lo tiene sin cuidado. "La Administración Trump es de una insania absoluta, y los mercados viven en la tierra de la fantasía". Si es así, a estos precios en alza constante, los mercados no podrán pagar el alquiler, y más temprano que tarde deberán volver a la realidad lisa y llana.
Trump se queja de la prensa; entre otras razones porque el Trump rally no tiene prensa. Pero no se arredra. "La Bolsa alcanzó un nuevo máximo con la racha ganadora más larga en décadas", se congratula vía Twitter. Y esta vez es rigurosamente cierto. "Gran nivel de confianza y optimismo, ¡aún antes de lanzar el plan impositivo!". También es verdad (dos verdades en un tuit suyo no es lo normal). Quizás el récord, el optimismo y la confianza se deban, los tres, a que lo único que se sabe del plan fiscal es que, según el presidente, será "fenomenal". Stockman pivotea allí: "No va a haber acción impositiva este año". No dan los tiempos ni lo permiten las profundas divergencias de criterio aún entre los propios republicanos, sostienen muchos. "Y el año en que se llegue a un acuerdo, el plan será neutral en términos de déficit fiscal y, por ende, no van a estar los 15 dólares de aumento en las ganancias corporativas con que cuentan los inversores". La Bolsa, creemos, podría tolerar una postergación, pero no que se evapore el salto en las utilidades esperadas. A su grupa está montada.
De momento, Wall Street es un muro impenetrable al pesimismo. La crisis de gabinete -provocada por el alejamiento del general Flynn, principal asesor del presidente en Seguridad Nacional- no la perturbó. El Russiagate, al fin y al cabo, cerrará el paso hacia un terreno minado. Mejor así. "Trump no es lo suficientemente listo para ser peligroso", tuiteó otro magnate, Mark Cuban, el dueño de los Dallas Mavericks. Ya se escribió aquí: que los republicanos controlen las dos Cámaras del Congreso, y mañana también la Casa Blanca, es el escenario ideal.
El paso de Janet Yellen por el Congreso -la Fed y la suba de tasas es la otra amenaza en ciernes- tampoco produjo resquemor más allá de un rebote fugaz de la tasa de diez años por encima del 2,50%. El viernes, al cierre, las chances de un retoque tras la reunión del 15 de marzo no eran mayores al 18%. El mensaje de Yellen pudo sonar agresivo, pero todos hicieron oídos sordos. Y la rutina del rally -como ya es habitual- se confirmó con un avance compacto de última hora que depositó a la batería de principales índices bursátiles en el sitial más alto como para que no queden dudas. Ya estamos avisados -de la actitud vigilante de la Fed y de lo encarnizado que será consensuar el plan impositivo (y de la próxima discusión sobre el techo de la deuda en el Congreso)- y a quien le quepa el sayo, que se lo ponga.