Juan G. tiene 38 años y es economista en una importante empresa alemana. Hace unos meses decidió volver de Estados Unidos al país con su mujer y su hija, pero le cuesta encontrar dónde vivir. "Me piden desde un 12,5% hasta un 15% semestral durante los dos años del contrato, esto es más del 50% acumulado", se asombró, pese a que, según todos los pronósticos, las subas de precios serán menores. "Las inmobiliarias aducen que los dueños se cansaron de perder con la inflación en los últimos años y no dicen nada de eventuales cláusulas flotantes por si las metas de inflación se llegan a cumplir", critica el economista.
María, Denise y Verónica cuentan una historia similar en los números, aunque ellas tienen que renovar. Para eso les están pidiendo entre un 25 y un 30% anual, con actualizaciones semestrales.
Sin embargo, en la serie de consultas encaradas por LA NACION entre inquilinos también hay casos en los que los propietarios, necesitados de remontar sus pérdidas frente a la inflación del año pasado, piden un 40% o hasta en algunos casos, un 60 por ciento.
"Yo tengo que renovar contrato en mayo y se habló de un 45%. Vengo de un contrato anterior. Luego piden 15% semestrales", contó Vicky O. "Hay mucha dispersión. Yo hice un estudio sobre el tema. En la zona sur están pidiendo entre 27 y 35%, y en la zona oeste, entre 25 y 35%, afirma Matías C. "Algunas inmobiliarias cambiaron las renovaciones anuales por semestrales, con cláusulas que al final de un año fuerzan una revisión", contó.
"Están pidiendo un 15% semestral. Dicen las inmobiliarias que es lo que se está haciendo. Ni la inflación pasada ni futura", cuenta Fernando M., a través de Facebook.
Luciano Z. no vive en la ciudad de Buenos Aires, pero casi. "Tenía que renovar en un departamento de tres ambientes en Olivos, sobre Libertador, a una cuadra de la quinta presidencial. Me había vencido en noviembre el contrato anterior de dos años. Me pidieron un 80% para un año. Negocié una prórroga de seis meses por el 60%. Esto es, me quisieron actualizar los dos años anteriores y el venidero. ¡Una locura!", se quejó.
La situación de los inquilinos es compleja. En los últimos años, con bajos salarios para acceder a créditos que prácticamente aparecían a cuentagotas se convirtieron en una especie de rehenes del alquiler.
Esto ocurrió con aquellos que viven solos, pero también con las familias, que sufren un ajuste superior por la escasez de oferta de departamentos de dos dormitorios o más, como consecuencia de décadas en la que se incentivó la construcción sólo para renta, lo que explica la proliferación de monoambientes y departamentos de menos de 50 metros cuadrados en toda la ciudad.
En los últimos meses, con la desaceleración de la inflación, pero ante los importantes ajustes en los alquileres, muchos inquilinos empezaron a ver con mayor detenimiento los préstamos indexados (UVA), pese al temor que siempre generaron este tipo de herramientas en la Argentina, un país acostumbrado a la volatilidad económica.
El propietario también sufre las consecuencias de la inflación. Su renta está, cuentan en las inmobiliarias, en su peor momento en más de una década.
Luego de invertir un fuerte capital en la compra de un departamento o una casa, hoy tienen una rentabilidad neta que pocas veces supera el 3% neto anual, muy por debajo de las ganancias que ofrecen otras inversiones.
Algunos especialistas afirman que, no obstante, en los últimos años se vieron beneficiados por la revalorización de los inmuebles.
Un negocio sin ganadores
Inquilinos en problemas
Los operadores inmobiliarios anticipan que este año los alquileres subirán entre 25 y 30% promedio, lo que implica una suba superior a la inflación esperada.
Baja rentabilidad
Con estos aumentos, los propietarios buscan recuperar la rentabilidad, que hoy se encuentra en uno de los niveles más bajos de la historia (entre 2,5 y 3% anual).
El gran ausente
El principal interrogante es si este año finalmente se empezarán a sentir en el mercado inmobiliario los efectos del regreso del crédito hipotecario que impulsa el Gobieno para solucionar el déficit de viviendas.