Por Francisco Jueguen - "Cristina Kirchner quiere que la Argentina fracase." La sentencia, que podría endilgársele a cualquier crítico de la ex presidenta, tomó fuerza por el contexto y por su autor. Las palabras nacieron de la boca del jefe de Gabinete, Marcos Peña,un día después de los incidentes entre militantes peronistas en la movilización de la CGT, y fueron pronunciadas en la apertura del seminario de la revista británica The Economist, que ayer prenunció para el país un "resurgimiento en la escena global". Minutos después de su acusación pública, Peña salió por la puerta del salón principal del hotel Alvear, se sacó con dificultad el micrófono, tomó un minuto para una selfie con un curioso y comenzó a caminar velozmente por el hall hacia la salida. "¿La conflictividad social puede frenar la llegada de inversiones?", le preguntó LA NACION. "No creo que eso pase. La conflictividad está internalizada", respondió a secas. Su visión fue respaldada luego por varios funcionarios que pasaron por The Economist Argentina Summit, evento que coincidió ayer con Expoefi 2017 y Expoagro. Los empresarios -con más dudas sobre el futuro cercano- fueron algo menos optimistas, aunque ratificaron que, más que la coyuntura, la clave son los cambios estructurales encarados en los últimos meses. Quien dio un respaldo incondicional a la política económica del oficialismo fue Sebastián Piñera. El ex presidente chileno fue además el más aplaudido entre los expositores durante toda la jornada. Cortes de luz con temperaturas de 40°, movilizaciones y piquetes, calles cortadas y hasta un paro en el fútbol. Michael Reid, editor jefe de The Economist, enumeró la última semana en el país y bromeó: "No es fácil ordenar la Argentina". Fue la presentación para la apertura de Peña: "El diálogo está en la base con la que queremos gobernar", sentenció, en una señal a los gremios. Y agregó: "No existe democracia sin disenso, sin manifestación". Luego apuntó contra el kirchnerismo: "Hay gente a la que no le conviene el diálogo, que prefiere la violencia". En su discurso, el jefe de Gabinete se sumó al debate global por la posverdad, que retomó relevancia con los "hechos alternativos" de la era Trump. "Hubo un programa sistemático de mentiras. Y todavía está ese reflejo. Se discute si esto -señaló un vaso con agua- es agua o whisky." Afuera, los primeros empresarios en llegar habían evitado hablar de la confrontación con la CGT. "Estuve fuera del país", se escabulló Gabriel Martino, presidente del HSBC. "No vi nada", dijo al paso Santiago Soldati, y agregó que "el rumbo que sigue el Gobierno es el correcto". "En la medida en que el Gobierno mantenga la línea de reforma gradual en lo fiscal y se integre al mundo, va a haber inversiones. Los cortes ya están naturalizados", afirmó a LA NACION el viceministro de Hacienda, Sebastián Galiani, que reemplazaba en uno de los paneles a Nicolás Dujovne. "¡Me encanta tu moñito!", lo había elogiado Peña al pasar, durante el primer café de la mañana. "A nadie le gusta ver eso [la marcha de la CGT y la violencia], pero para los inversores no es importante. La Argentina es como Irak: un país virgen de inversiones desde hace muchos años y con grandes oportunidades", dijo un funcionario encargado de conseguir nuevas inversiones. El ministro de Energía, Juan José Aranguren, ratificó esa visión. "En la Argentina empieza a haber confianza porque hay reglas", dijo, y recalcó los US$ 6500 millones comprometidos por inversores privados el año pasado. Susana Malcorra reclamó un acercamiento entre el Mercosur y la Alianza del Pacífico, y recalcó la intención del bloque regional de llegar a un acuerdo con la Unión Europea. "¡Cuidado! Una apertura inteligente al mundo no es abrirse a tontas y ciegas. No abrimos para que haya una estampida", sostuvo, cuando "sectores sensibles" de la industria critican el supuesto aumento de importaciones. Fuera del salón, las voces más críticas del Gobierno se congregaban de pie en una mesa cerca de donde se servía el café. Era la mesa del shock. Allí estaban el economista de Corporación América, Javier Milei; el economista jefe de Economía & Regiones, Diego Giacomini, y el ex secretario de Finanzas Guillermo Nielsen. Todos coincidían en que el oficialismo había dejado pasar la oportunidad de hacer un ajuste más profundo en la economía, sobre todo en lo fiscal, y que el peronismo dejaría ahora al Gobierno "con las manos atadas" hasta el final del mandato de Macri. El único oficialista con buena nota en esa mesa era Federico Sturzenegger. "Toda experiencia gradualista en el país terminó mal. Nadie va a invertir sin corrección fiscal", afirmó Milei en el escenario. Luego tuvo tiempo para cantar su "Traviata contra el gasto público" durante el almuerzo. "La conflictividad está dentro de la dinámica esperada", señaló Sergio Kaufman, presidente de Accenture. "Cuanto más diálogo, mejor, pero mientras la conflictividad sea razonable las decisiones de inversión no se modifican", agregó. "El campo ya invirtió US$ 58.000 millones. Tenemos cosecha récord de trigo. Vamos a trabajar para ser el supermercado del mundo", dijo Luis Miguel Etchevehere, presidente de la Rural. Joachim Maier, número uno de Mercedes-Benz, aseguró que a su firma le está yendo bien. Es que exporta a Estados Unidos. Pero criticó "algunas malas señales", como negar la posibilidad de Uber de entrar al país para proteger "lo viejo". Optimismo textual Luis Miguel Etchevehere Presidente de la Sociedad Rural "El campo ya invirtió US$ 58.000 millones. Tenemos cosecha récord de trigo. Vamos a trabajar para ser el supermercado del mundo" Sergio Kaufman Presidente de Accenture "La conflictividad está dentro de la dinámica esperada. Mientras sea razonable, las decisiones de inversión no se modifican"
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