Por Marcelo Elizondo - Son persistentes ya las discusiones públicas y las controversias entre la administración gubernamental y diversas organizaciones no gubernamentales y representantes del trabajo y la producción, relativas a la supuesta apertura indiscriminada de importaciones.
Sin embargo, los datos de los últimos años (incluso 2016) muestran que Argentina ha sido y es una economía relativamente cerrada comparándola con otras en el mundo (incluso con las de nuestros vecinos). Mientras las exportaciones de bienes en 2016 llegaron a una modesta cifra que equivale al 13,2% del PBI, algo parecido ocurre en relación con las importaciones, que en 2016 generaron una cifra que equivale a 12,7% del PBI argentino.
En términos absolutos, mientras las exportaciones crecieron levemente en 2016, en un 1,7% (llegaron a 57.737 millones de dólares -lo que implica una modesta alza después de no poco tiempo-); las importaciones medidas en dólares cayeron 6,9% (sumando 55.610 millones de dólares). Debe decirse, sin embargo, que un relevante motivo de ese descenso de importaciones son los menores precios pagados, dado que las cantidades se elevaron levemente (3,8%), algo similar a lo ocurrido en 2015; pero también es preciso advertir que la base de comparación de las importaciones medidas en volúmenes físicos en 2016 es muy baja, porque en 2015 y 2014 las importaciones medidas en cantidades (excluidos los efectos de los precios) estuvieron aproximadamente 10% debajo de las de 2013 y 2012.
Así, al parecer, el resultado general de 2016 es de descenso de importaciones de bienes medido en dólares e inicio de una aún tenue recuperación pendiente en volúmenes físicos (que siguen debajo del nivel de hace pocos años).
Es también cierto que dentro de ese total de importaciones menores medidas en dólares pagados hay parciales en algunos rubros en particular que muestran una elevación de importaciones (en sectores específicos). Esto ocurre especialmente en bienes de consumo -9%- y automotores -33%-.
Una baja general con un alza en bienes de consumo es algo plausible porque los bienes de consumo representan poco más del 10% del total de importaciones argentinas, que importa más del 80% del total en recursos para la producción (bienes de capital, insumos, piezas y partes, energía y aun vehículos para la producción), por lo que un alza en importaciones de los bienes de consumo rara vez modifica de modo sustancial el signo del resultado total.
Ahora bien, para enmarcar en el contexto temporal la situación, debe advertirse que las importaciones en Argentina estuvieron al año pasado (medidas en dólares) en la cifra más baja desde 2009, y llegaron al tercer menor registro en 10 años.
Y, mientras tanto, si se comparan las importaciones de bienes con el PBI, la Argentina tuvo en el último año un ratio algo mayor que en 2015, aunque ese ratio fue menor que en 2014 y menor que en todos los años transcurridos desde 2004 a 2008 (este período fue el de mayor nivel de importaciones comparadas con el PBI de la democracia) y menor que en 2011.
En verdad, Argentina no es un país sustancialmente importador, al punto que importa (incluso en 2016 según CEPAL) no sólo menos bienes que economías más grandes de la región, como Brasil o México, sino también menos que Chile, que es una economía más pequeña que la argentina. Latinoamérica importa por niveles que equivalen al 22% del producto regional, por lo que esos niveles son en la región más elevados que en la Argentina.
Más aún: pese a que poco se dice al respecto, las importaciones que (medias en dólares) se elevaron de modo importante en 2016 fueron las de servicios. Por eso, si se suman las importaciones de bienes y las de servicios, se adquiere un importe que ronda el 17% del PBI (porcentaje que de todos modos no es mayor que el porcentaje que representaban importaciones de bienes y servicios en el PBI a inicios de la presente década).
En los últimos años la Argentina ha reducido su participación en el comercio mundial, y la infraparticipación en ese comercio internacional es evidente al constatar que (según el BM) mientras genera 0,8% del PBI mundial, no llega a generar 0,4% del comercio internacional. Por ende, el problema de nuestro país no parece ser el de un "exceso de comercio" con el resto del mundo.
Más bien, el objetivo debería ser el de generar mayores equilibrios domésticos para lograr una más sólida plataforma de competitividad internacional.