La deuda externa argentina creció un 12,9% interanual a u$s192.462 millones en 2016, al sumar u$s22.048 millones, informó ayer el INDEC. Gran parte de este incremento se debió al acuerdo con los holdouts a principios del año pasado, cuando el Gobierno emitió u$s16.500 millones para salir del default. A dicha colocación se sumaron las distintas emisiones de las provincias, que a partir de la normalización de la situación salieron a financiarse en los mercados internacionales.
El aumento de la deuda se debió principalmente a las colocaciones del sector público, ya que el privado canceló parte de los compromisos acumulados
hasta diciembre de 2015. Del total el 66% correspondió al sector público no financiero y al Banco Central, un 32% al sector privado no financiero (empresas que toman deuda en el exterior) y el 2% restante al sector financiero.
Federico Desprats, economista de Intervalores, destacó que "pese a que aumentó bastante, la deuda, en términos de ratio del PBI, sigue siendo muy baja en comparación con otros países". La deuda externa argentina se mantiene en un 34% del PBI, mientras que en Brasil la cifra alcanza el 63,31% y en Uruguay, un 61,40%. Desprats destacó que lo principal pasa por "vincular el nivel de deuda con el déficit fiscal; no hay un problema grande con el stock, pero puede llegar a haber con los flujos". "Este año el Gobierno no puede bajar el déficit drásticamente, teniendo en cuenta que es un año electoral, pero tiene que empezar a pensar en cómo bajarlo para 2018", explicó.
El economista consideró que "Argentina debe seguir apostando por bajar los spreads para que se reduzcan los intereses de deuda". En ese sentido, alertó sobre el problema de la apreciación cambiaria, al señalar que "el Gobierno debe buscar que la entrada de dólares no siga afectando a la apreciación cambiaria para que no repercuta en el país en términos de competitividad".
Déficit.
Por su parte, la balanza de pagos, el indicador que da cuenta de todas las transacciones económicas concretadas por el país con el resto del mundo, registró en 2016 un déficit de u$s15.024 millones, luego de presentar un rojo de u$s4.400 millones en el cuarto trimestre. El resultado anual cayó un 11% interanual y estuvo explicado por un saldo desfavorable de u$s2.520 en la balanza de bienes y servicios, por egresos netos de rentas de u$s12.551 millones e ingresos por u$s46 millones en transferencias corrientes.
La Argentina consiguió un mejor resultado ante la recuperación de la balanza comercial, que revirtió un déficit de u$s388 millones en 2015 a un superávit de 4.490 millones en 2016. Esta mejora superó al deterioro anual de la cuenta de servicios, de u$s3.086 millones y el de la cuenta rentas, de u$s419 millones. Además, en 2016 se acumularon necesidades de financiamiento externo neto por u$s14.787 millones, registrando una reducción de u$s1.967 millones (-11,74%) respecto de 2015.
Además, por el efecto de las transacciones de la balanza de pagos, las reservas interncionales se incrementaron en u$s9.739 millones en el último trimestre. Dichas transacciones, sumadas a las pérdidas por los cambios de paridades entre monedas (de u$s869 millones), explicaron el alza de las reservas del Banco Central de u$s8.870 millones. Durante el año, las arcas de la entidad que lidera Federico Sturzenegger treparon u$s13.725 millones, que, incorporando los ajustes del tipo de cambio, de u$s517 millones, se redujo al u$s13.208 millones. En 2016, las reservas del BCRA culminaron en u$s38.772 millones.