LULA BUSCA GANAR LIBERTAD EN EL DISEÑO DE LA POLÍTICA ECONÓMICA El país seguirá pagando su deuda, pero el Fondo no podrá fijar condicionantes a la estrategia del Gobierno. Aplausos de Snow y Rato desde Washington Brasil, uno de los mayores deudores del Fondo Monetario Internacional (FMI) junto a Turquía y la Argentina, anunció ayer que por primera vez desde 1998 dejará de tener un acuerdo con el organismo, ya que la mejora en las condiciones de su economía hizo innecesario renovar el programa vigente.
La decisión fue elogiada por el Tesoro estadounidense y el FMI, que destacaron los logros económicos del gobierno de Luiz Inacio Lula da Silva. El ministro de Hacienda, Antonio Palocci, dijo al anunciar la decisión que el país mantendrá su compromiso de alcanzar un alto superávit presupuestario primario, de 4,25% del Producto Interno Bruto (PIB) y su agenda de reformas económicas.
El acuerdo vigente de Brasil con el FMI, por u$s 41.700 millones, vence a fin de marzo. Lula aseguró que la decisión fue tomada con serenidad y tranquilidad y que su Gobierno "conquistó el derecho de caminar con sus propias piernas".
El secretario del Tesoro de Estados Unidos, John Snow, afirmó que la decisión de Brasil refleja la fuerza de la economía del país. "Son grandes noticias, un sello de un logro financiero del país y el mayor crédito va para el presidente Lula por su éxito", dijo.
En tanto, a través de una nota, el director gerente del FMI, Rodrigo Rato, señaló que "la decisión de las autoridades refleja los resultados impresionantes, por encima de las expectativas, de las políticas de estabilización macroeconómica y de reforma de Brasil".
La decisión de Brasil de no renovar el acuerdo crediticio, del que utilizó algo más de u$s 26.000 millones no sorprendió a los mercados financieros, ya que Palocci había anticipado la decisión en febrero.
De esta manera, se puso fin a los programas que el país mantenía con el FMI desde 1998, cuando una fuga de capitales tras la moratoria de Rusia anticipó una devaluación del real y a recurrir a la ayuda financiera del Fondo. El ex presidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso, quien suscribió en 2002 el mayor acuerdo de asistencia entre un país y el FMI, apoyó la decisión de Lula de no renovar el programa, que plantea la refinanciación de vencimientos y la apertura de la línea de crédito a cambio de consensuar las políticas económicas nacionales con el FMI.
Así, el gobierno de Lula buscará mayor oxígeno y prepara el terreno para las elecciones presidenciales de 2006, en las cuáles el actual mandatario es favorito con una intención de voto que supera el 56%.
La decisión de Brasil generó opiniones diversas en la Argentina. Oscar Lamberto, diputado justicialista, comentó que a veces las condiciones del FMI deben aceptarse por la falta de recursos. Por su parte, Claudio Lozano, economista de la CTA, aseguró que debería haber un planteo regional coordinado para organizar el pago del capital y los intereses adeudados al FMI. "Brasil seguirá pagando y por eso el FMI no se pone nervioso", comentó. Rodolfo Terragno, senador radical, precisó que "una cosa es renunciar a un crédito y otra es cerrar la cuenta bancaria. Brasil no necesita plata pero no rompió con el FMI".
Una medida similar a la adoptada por Brasil sería de difícil implementación en la Argentina debido a que el país precisa de la refinanciación de los vencimientos con el FMI, que llegan a u$s 12.000 millones en los próximos 3 años. La alternativa, que ya estuvo bajo estudio del Gobierno, es pagar los vencimientos con reservas. |