El presidente Macri parece convencido del argumento del Banco Central, de que cuanto más se baje la inflación más se reactiva la economía. En la historia argentina esto es absolutamente cierto, hay evidencia empírica de planes económicos que lograron bajar la inflación de niveles del 300% anual al 20%, pero no hay certeza ni seguridad cuando se trata de bajarla del 25% al 17% (techo de la banda fijada por el BCRA para este año).
Ahora bien tanto críticos como simpatizantes de la actual política monetaria, coinciden en plantear si se puede reactivar con esta meta del 17%. Es que conocido ayer el dato oficial de inflación de marzo, que convalidó el aumento de las expectativas inflacionarias del mercado, y obligó al BCRA a optar por subir la tasa, los analistas anticipan un semestre por delante clave para la economía, para ver si arranca o no.
El diseño de la política económica, donde convive una política fiscal laxa y una política monetaria dura, hace que el único funcionario imprescindible sea el ministro de Finanzas quién debe conseguir el financiamiento del déficit fiscal. En todas las recuperaciones pasadas ambas políticas fueron expansivas. El gobierno tiene, con miras a las elecciones de octubre, el reto de sincronizar, simultáneamente, la desinflación y la reactivación.Los economistas más fiscalistas ponen el acento en que el desafío ya no es el 17% de inflación para este año, sino bajar a cerca de un dígito en 2018. "Bajar la inflación sin ajuste fiscal, es como adelgazar sin dejar de comer", ironizan.
A todo esto, mientras el gobierno espera que los brotes verdes se transformen en un bosque de reactivación, en el mercado se preguntan qué harán las empresas si se reactiva la economía: subirán los precios, para recuperar márgenes de rentabilidad o subirán el volúmen apostando a recuperar el capital de trabajo. Por ello no son tan optimistas con que se acelere la desinflación. Es que para cumplir la meta de 17%, en los dos últimos cuatrimestres la inflación debería ser 1% mensual promedio.
El problema pasa entonces por querer lograr, a la vez, el techo de 17% de inflación con un crecimiento presupuestado por el gobierno, como mínimo, del 3%.
El riesgo no es poner en jaque el proceso de desinflación sino ponerle un piso, y un techo bajo a la reactivación. Ahora se agrega el ingrediente de la suba de la tasa de ayer, porque también se plantea la dificultad de querer reactivar con poca plata en la calle. El circulante en poder del público y el agregado monetario amplio M2 caen en términos reales. Además el crédito privado se desaceleró.
La actual recuperación luce endeble y será difícil alcanzar el 3,5% oficial. Hay mucha heterogeneidad sectorial y, por ahora, muy pocos sectores traccionan la economía lo que disminuye la percepción social de que la recesión terminó y la economía comienza a recuperarse.