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Por Mariano
Gorodisch - El sueño de vivir de rentas puede hacerse realidad, gracias al
crowfunding, que pretende democratizar el mercado de real estate, para que el
ahorro de los argentinos se pueda transformar en una inversión en un activo
real, pero bajando las barreras de entrada, al no ser necesario tener el 100%
para poder ser dueño de un activo inmobiliario.
El financiamiento colectivo permite que
alguien con u$s 2500 pueda ser cuotapartista de un inmueble de lujo en Nueva
York, Miami, Londres, Viena, Barcelona, Hong Kong o Singapur. Al tener gran
escala y pagar cash, los inmuebles se compran a los desarrolladores con un
descuento del 20%. Además, se gana con la apreciación de la propiedad y pagando
un bajo precio de entrada.
Por lo tanto, cuando sube un 20%, ya se le
paga al inversor el capital invertido más la ganancia. En caso de que no suba
20% de precio en cuatro años, ahí finaliza el contrato, y el inversor gana un
12% anual.
Son departamentos bien ubicados de uno o dos
dormitorios, fáciles de alquilar. Por lo tanto, calculan que en Miami la TIR
puede llegar al 16%, mientras en Nueva York es la mitad, pero hay quienes
tienen el aspiracional de tener un metro cuadrado en Manhattan.
En Florida la renta es mayor porque
compraron en un condominio en la isla de Bay Harbour (a pocos pasos del glamour
de Bal Harbour), donde recientemente cambió el código de edificación y ya no se
puede construir más. Además, se instaló una escuela pública cerca, que valoriza
más los inmuebles aledaños. Desde entonces, los precio ya subieron un 10%.
Si se invierte el mínimo de u$s 2500 (el
promedio de inversión es de u$s 14.000), la renta estimada por año es de u$s
84, por lo que en cuatro años se obtiene u$s 336. A eso debe sumarse los
retornos estimados de la venta de la propiedad (u$s 902), por lo que el retorno
estimado total es de u$s 1238 en cuatro años, lo que implica un 12,36% anual,
que es lo estimado, pero no lo garantizado, ya que puede subir o bajar, pero
cada año se le va transfiriendo al inversor las ganancias.
Al apuntar a propiedades de lujo, tienen
menos volatilidad, por lo que se reduce el riesgo. Sofia Gancedo, directora de
Operaciones de Bricksave, ya se reunió con los principales funcionarios del
Ministerio de Finanzas y de la Comisión Nacional de Valores para que el
crowfunding se incluya como ley dentro de la de Mercado de Capitales, de modo
que los inversores se encuentren mucho más protegidos y el negocio se expanda
rápidamente. "Al estar regulado, auditan las plataformas como si fuera un
IPO que va a cotizar en Bolsa y se debe informar quiénes son los socios que
están detrás del proyecto", comenta esta ferviente entusiasta por eliminar
la intermediación en el real estate. Con el crowfunding, al tener economías de
escala, se reducen todos los costos transaccionales. Por ejemplo, para
escriturar una propiedad (cualquiera sea su valor) en los Estados Unidos se
necesitan u$s 10.000. La comisión inmobiliaria es del 6% y lo paga el vendedor,
pero lo transfiere al precio de venta del inmueble. Con este sistema de
financiamiento colectivo, pasa directo al consumidor final, sin intermediario
alguno, porque le compran directo al desarrollador.
El crowfunding comenzó en la industria de la
música en la década de los ‘90 y principios del 2000 como una forma para que
los artistas recauden fondos para giras y álbumes.
La idea rápidamente se convirtió en un
sistema general para recaudar capital para casi cualquier iniciativa. Se estima
que se recaudaron u$s 34.000 millones a través de crowfunding en 2015 a nivel
mundial.
En el 2010 el crowfunding comenzó a
ramificarse y a desarrollar versiones más especializadas, como recaudar dinero
para las start ups, a través del equity crowfunding, por el que se invierte en
participación en empresas. El crowfunding inmobiliario representa actualmente
u$s 2500 millones, con gran participación en el Reino Unido y en los Estados
Unidos. La industria creció en un 156% en el 2014, haciendo que sea una de las
subcategorías del crowfunding que más se expandió a nivel global.
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