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Por Daniel
Fernández Canedo - El rey está desnudo. El presidente Mauricio Macri,
funcionarios, empresarios, banqueros, analistas y muchos sectores de la
población están al tanto de que el actual sistema de financiamiento del Estado
no puede durar por mucho tiempo.
El Presidente ya
adelantó que este esquema de financiar el abultado déficit fiscal con la
colocación de bonos en el exterior no será para siempre . Y, aunque no lo dijo,
dejó entrever que un ajuste sobrevendrá después de las elecciones
legislativas de octubre.
Hasta entonces, la
nave va de la mano de la toma de crédito en el exterior (US$ 11.000 millones
consiguieron Nación, provincias y sector privado en el primer trimestre) y del
excepcional resultado del blanqueo de capitales que le acercó más de $
30.000 millones adicionales al Fisco.
Dólares que entran
y se transforman en pesos para llenar el agujero fiscal van consolidando una burbuja
financiera que, si bien dentro y fuera del Gobierno es muy conocida, actúa
como música de trasfondo económico hasta octubre.
La bicicleta se
genera a partir de que el Banco Central paga 26,25% anual al colocar
lebacs con la intención de sacar pesos del mercado y luchar contra la
inflación creando un marco sobre el que los economistas apuestan a que se
mantendrá por tres meses más.
Pagando 2% mensual
en pesos y con el dólar aquietado, la fotografía financiera ubica a la
Argentina en uno de los países que mejor rendimiento (riesgo-renta) les ofrece
a los inversores.
Entre los
dólares de la soja que aceleraron su entrada por la mejora del clima en el
momento de la cosecha y la fuerte demanda de bonos argentinos por parte de
compradores del exterior, fue cobrando forma otra fiesta financiera para pocos.
El momento es
curioso: el Tesoro consigue dólares afuera pero necesita pesos . Le quiere
vender los dólares al Central pero Federico Sturzenegger se resiste a
comprarlos todos porque eso implicaría expandir mucho la cantidad de dinero,
pero, en parte, tuvo que ceder y entonces emitió y simultáneamente le dio una
vuelta más al torniquete de las tasas.
El resultado, según
un informe de Industrial Valores: “En lo que va del año, la emisión de pesos
explicada por transferencias directas al Tesoro o por compra de divisas de
la Nación y las Provincias sumó $ 125.000 millones, en un contexto donde
la base monetaria presentó una caída de $ 25.000 millones”.
En otras palabras, abro
el grifo pero, en el mismo momento, pongo el dedo para evitar la salida de
agua. El esquema no es inocuo. La actividad económica sigue dando muestras de
dificultades para reaccionar.
Y el dato más claro
fue que el resultado de la recaudación impositiva de abril, que creció sólo
24,6%, corre el velo sobre la ausencia de una reactivación para el
cuatrimestre.
Según IARAF, el
acumulado del primer cuatrimestre fue de 33,8%, pero si se excluye la plata del
blanqueo, la mejora fue de 27,5% que, medida en términos reales, dejaría una
baja de 0,7%.
“La recaudación
impositiva es hija de la actividad económica en más de 99%”, suelen decir los
economistas. Y los datos de abril hablaron claro sobre el tema.
Mientras tanto, en
las últimas semanas se consolidó el raid de los bonos argentinos con
una suba importante que llevó su rendimiento a niveles mínimos en muchos años.
Los bonos en
dólares de corto plazo están a punto de pasar a pagar menos de 3% y los de
mediano plazo, por debajo de 6% anual.
Pagar una tasa
menor es síntoma de más confianza por parte de los inversores pero también
podría estar indicando que la Argentina ofrece ganancias interesantes en un
contexto de rentas mundiales muy reducidas.
Ganar 2% mensual en
dólares apuntala una burbuja financiera que tiene fecha de vencimiento y
costo importante aunque al Gobierno, y a los que están ganando, por ahora les
interesa mirar para otro lado.
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