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Por Enrique Blasco Garma - Milton Friedman, mi profesor en la
Universidad de Chicago, y Premio Nobel de Economía, fue quizás el más vigoroso
propulsor de la potencia de la política monetaria y libre flotación. Y una de las
mentes más brillantes del planeta. Vislumbraba la flotación libre como un
instrumento necesario para una economía más libre de entorpecimientos del
Estado.
Proponía las ventajas de una sociedad libre de intervenciones innecesarias de
los funcionarios del estado. En esa visión, la flotación era preferible a la
fijación del tipo de cambio por las autoridades. Repasemos, EE.UU. es la
principal economía del planeta, los precios se determinan libremente en el
sector privado, el Estado no interviene o lo hace mínimamente en los mercados
de bienes y servicios. Y la Fed no compra ni vende divisas extranjeras ni sale
al mercado financiero de forma aleatoria, incierta. La colocación de bonos
públicos para financiar el Gobierno la hace la Tesorería. La Fed compra o vende
bonos públicos solamente con objetivo monetario, programada con mucha
anticipación. El sistema financiero es gigantesco y complejísimo, dominado por
instituciones privadas. Tras una larga experiencia y estudios profundos, los
bancos centrales y la profesión de economistas de las naciones avanzadas
reconocen que las tasas de interés no son eficaces para un control fino de la
inflación en plazos cortos, de menos de dos años.
En Argentina, la "flotación" la lleva a cabo BCRA, el peso pesado que
domina un sistema financiero pequeño. El financiamiento al Estado y las
principales decisiones en el endeudamiento externo del país son efectuados por
funcionarios del estado. En la novela "1984" de George Orwell, el
Gran Hermano había desarrollado un lenguaje para domesticar a la gente, con
significados distintos de los previamente aceptados. También en la Argentina el
lenguaje suele tener acepciones confusas. Entre fines de 2011 y de 2015, el
BCRA informaba el "tipo de cambio único y libre". No obstante el cepo
cambiario, vigente en esos años.
En 2017, las autoridades informan un tipo de cambio libremente flotante. A
pesar de que BCRA interviene diariamente, modificando regulaciones, operando
continuamente en el mercado financiero, quitando o elevando la liquidez, esto
es alterando la demanda y oferta en el mercado del dólar contra peso. Los
bancos oficiales venden o compran dólares. Y también el Tesoro coloca deuda, en
dólares y en pesos. El Estado interviene en grandes sectores de la sociedad.
Muy lejos de la visión de Milton Friedman.
En estos tiempos, el "tipo de cambio libremente flotante" es empleado
para deprimir artificialmente el valor del dólar con la ilusión de atenuar la
inflación en pesos y sin advertir el freno a la economía real, la restricción a
los ingresos y la inflación en dólares (atraso cambiario) más elevada del
mundo. Lo peor es que agrava el principal mal de nuestra Argentina: corrupción
por la falta de reglas. Los partidarios de esta ficción de flotación libre
sostienen que los tipos de cambio fijos, como la convertibilidad, siempre
terminaron mal. Pregunto: ¿qué funcionó bien, sin contención fiscal? La
convertibilidad duró más de 10 años y tuvo el apoyo entusiasta del electorado
por la eliminación de la inflación y el consiguiente impulso a las actividades
creativas. El Plan Austral también logró estabilizar y mejorar la economía,
durante menos tiempo. Claramente, tener reglas sostenibles siempre fue
beneficioso. Las naciones avanzadas se diferencian de las emergentes por la
estabilidad de sus reglas. La pobreza es ausencia de normas sustentables. Los
"flotadores" se vanaglorian de conseguir incertidumbre
"cambiaria".
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