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Por
Javier Blanco - Suena paradójico, pero mientras el sector público utilizó en
2016 la reapertura del mercado global de capitales -consecuencia directa del
acuerdo por la deuda que se mantenía impaga- para endeudarse y financiar por
esa vía su elevado déficit, el sector privado lo aprovechó para desendeudarse.
La
conclusión surge de comparar el comportamiento que, con las condiciones
financieras normalizadas, tuvieron la deuda pública y la privada en moneda
extranjera durante el último año.
Según
los datos del balance de pagos (Indec) y el informe sobre deuda externa del
sector privado (del BCRA), la deuda externa total argentina (pública y privada)
creció de 170.414 millones de dólares a 192.462 millones, lo que supone un
aumento del 13%, básicamente alentado por el incremento en casi US$ 26.000
millones (o 25%) que mostró en el período el pasivo público (llegó a US$
127.447 millones), algo que se contrapuso con la reducción en unos US$ 4300
millones (7%) de la deuda privada.
El
mayor incremento en la deuda pública devino del reconocimiento de lo adeudado a
los bonistas que estaban en default (lo que se saldó emitiendo títulos por US$
16.500 millones) y de lo emitido para cubrir el déficit fiscal, lo que hizo que
mientras los pasivos pactados con organismos internacionales (fueron de US$
33.726 millones a US$ 32.578 millones), con acreedores oficiales (pasaron de
US$ 7737 millones a US$ 6249 millones) o bancos comerciales (de 1451 a 1596
millones) cayeron o se mantuvieron estables, las obligaciones contraídas
mediante la emisión de bonos saltaran de US$ 42.650 millones a US$ 78.252
millones.
Mientras
esto ocurría, las empresas iniciaron un proceso de desendeudamiento,
básicamente comercial, que las llevó a reducir en US$ 8300 millones un pasivo
que se había abultado en los últimos tiempos por las restricciones que
encontraban para girar divisas al exterior ante la vigencia del cepo.
Las
empresas argentinas cancelaron deuda por anticipos y prefinanciaciones de
exportaciones de bienes por US$ 803 millones (la reemplazaron por otra tomada
en bancos locales, a medida que estos recuperaron liquidez en divisas y pasaron
a ofrecer tasas cada vez más bajas para este tipo de préstamos), por
obligaciones asumidas por importaciones de bienes por US$ 4294 millones en el
año y otras contraídas por la contratación de servicios, por US$ 2852 millones.
A la
vez, aprovecharon la reapertura del mercado internacional de capitales y el
acceso a crédito a tasas más bajas y plazos mayores para aumentar en US$ 3291
millones el stock total del pasivo financiero, que cerró 2016 en US$ 27.894
millones, según el BCRA, pero mejoró su estructura y se comenzó a abaratar.
"El
total de fondos captados durante 2016 fue récord, al llegar a los US$ 7600
millones. De este total, US$ 3832 millones fueron instrumentados a través de la
emisión de títulos, lo que supone un salto del 67% respecto de 2015. Pero se
observó una mejora tanto en la tasa promedio pactada como en la diversidad de
sectores que lograron financiarse en el exterior", valoró el informe del
BCRA.
Por
todo esto, aunque la deuda externa privada creció 1 punto porcentual (p.p.)
medida en relación con el producto bruto interno (PBI), los indicadores de
riesgo tendieron a mostrar una mejora, ya que "se observó una disminución
en los ratios respecto de las exportaciones de bienes y servicios y de las
reservas internacionales, lo que indica que mejoró su capacidad de pago en
moneda extranjera".
Razones y potencialidades
"La
disminución interanual de la deuda privada está asociada a que en 2015 todavía
se limitaban pagos hacia el exterior, fruto de las restricciones cambiarias, lo
que obligaba a las empresas a incrementar sus deudas con las casas matrices,
que en 2016 buscaron comenzar a normalizar", explica el economista Gabriel
Zelpo, de la consultora Elypsis. "Por eso también se verifica un cambio de
instrumentos de deuda por importaciones a deuda financiera, lo que supone
ventajas, ya que es más amoldable a las necesidades de la empresa, que puede
optar por montos, plazos, formas de amortización y hasta moneda, según su
conveniencia", valora.
Gabriel
Caamaño, socio de la consultora Ledesma, cree que el proceso de desendeudamiento
externo privado se desencadenó por buenas y malas razones a la vez. "Está
claro que la reapertura del mercado global de capitales que surgió por el
cambio de estrategia en el financiamiento del déficit fiscal les permitió a los
privados mejorar sus pasivos. Pero en buena medida si hubo cancelaciones es
porque también encontraron incentivos para diferir posibles inversiones en la
economía real, por los desequilibrios macro que se mantienen y por la
recesión", explicó el analista.
En la
actualidad, la Argentina es de los países que menor relación deuda externa
privada/PBI tienen en la región. Por lo que, para el Banco Central, si se
mejoran las condiciones locales de solidez y la integración al mercado global
de capitales, la economía habrá conseguido una "plataforma de
financiamiento para la inversión privada en los próximos años".
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