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Por Rubén
Ramallo - De la escasez a la abundancia. De la carestía a estar "embuchados".
Como suele suceder en la Argentina, siempre
caracterizada por los fuertes contrastes en sus ciclos económicos, esto es lo
que ha sucedido en apenas un año y medio con las tenencias de dólares del sistema bancario.
A primera vista, esta enorme "ola
verde" debería dar lugar al festejo de las entidades. Sin embargo, no
es tan así.
Es que una mayor oferta suele
ser celebrada cuando
viene acompañada por
un incremento acorde
de la demanda. Cuando esto no ocurre, ese excedente hasta genera complicaciones.
Dejar el dinero
quieto puede significarle a una firma tener que afrontar pérdidas o elevados costos de
oportunidad. Como todo profesional de las finanzas sabe, "a la plata hay que moverla".
En otras palabras, cada dólar que le ingresa a un banco tendría que ser
aplicado a algún préstamo,
para así ganar con la intermediación.
Es, precisamente en este punto, en el que la sobreabundancia verde trae
algunas dificultades, ya
que no resulta tan sencillo en estos días conseguir empresas con ganas de tomar
grandes créditos para inversiones.
"No
sabemos qué hacer con los dólares", confiesa a iProfesional el directivo de un banco de capitales españoles.
Su afirmación queda sustentada en un dato
incontrastable: el 25% de
los fondos que están captando los bancos es en esa moneda.
Esa abundancia es la que explica por qué a la divisa estadounidense le cuesta tanto remontar desde un nivel cercano a
los $15,60.
No sólo a los bancos les complica esta "ola
verde". También al BCRA,
que en lo que va de mayo tuvo
que emitir $12.000 millones para absorber parte de ese caudal.
Por lo pronto, el "combo" conformado por el blanqueo endeudamiento (Gobierno,
provincias y empresas) sojadólares no
sólo alejó la escasez, sino que generó un cambio estructural para el sistema financiero: hoy la oferta supera con creces a la demanda.
El boom menos pensado
Con el ingreso de u$s7.000 millones, el régimen de sinceramiento fue el que mayor incidencia tuvo para esta
sobreoferta durante el año pasado.
A ese caudal se le deben adicionar las divisas que
retornaron al país más allá del régimen.
No por casualidad, el cierre de 10.000 cuentas de argentinos en bancos uruguayos coincidió con la explosión de los saldos de las entidades argentinas, que
pasaron de "apenas" u$s8.900 millones a casi u$s24.500 millones.
Las colocaciones
minoristas en moneda "dura" treparon un 120%, al tiempo que las de más de un millón de dólares avanzaron un impactante 60%.
Por cierto, nada hace pensar que este fenómeno se
agote con el blanqueo. Los números de abril también vienen siendo favorables,
tanto que en el primer cuatrimestre los saldos se incrementaron algo más de un
7%.
Del ese total de dólares en bancos argentinos, u$s18.500 millones pasaron
a descansar en cajas de ahorro,
mientras que otros u$s5.250
millones permanecen en plazos
fijos.
Para los analistas, queda claro el cambio de
percepción sobre el contexto político y económico que percibe el mercado.
"Más allá del blanqueo, tanto las reservas
como los depósitos en dólares vienen creciendo desde la salida del
cepo, producto de la mayor
confianza en el sistema financiero", señala Gabriel Zelpo,
economista jefe de la consultora Elypsis.
Para Amilcar Collante, de CeSur, el repunte de las "colocaciones verdes" es un claro resultado de un panorama más
"market friendly",
luego de años de restricciones cambiarias.
En este sentido, desde un banco privado de primera
línea aseguran a iProfesional:
"Para sus ahorros en dólares,
los clientes no buscan tanto el buen rendimiento
sino el resguardo de su
capital".
Tanto es así, que la tasa por una colocación a 35
días es de apenas 0,3% mensual promedio.
¿A dónde van todos los dólares?
Con este boom, empieza el "problema"
de los bancos: ¿qué destino darle a las
divisas estadounidenses si la demanda por
la vía de inversiones no acompaña?
Esto, en un contexto en el que aún persiste un trauma que data
de los años '90: el riesgo al
"descalce de
monedas". Es decir, el tener que prestarle dólares a
quienes poseen ingresos en pesos, sean empresas o personas.
Con ese condicionante en mente, la capacidad prestable queda limitada a aquellos que pueden
garantizar un flujo de caja
dolarizado.
En este sentido, los bancos han estado muy activos en su tarea de ubicar a ese perfil de
clientes: desde abril de 2016 a la fecha, la financiación en moneda "dura" se incrementó 125% (y un 21% en lo
que va del año).
En la actualidad, el saldo de préstamos en divisas estadounidenses roza los 11.000 millones.
Si esta cifra se expresa en pesos -al tipo de cambio de referencia- y se la
compara con los créditos totales del sector privado, se observa que su
participación ya ronda el 15%, el valor
más alto desde inicios de 2012.
Una apertura por línea muestra, además, que los
"documentos a sola firma"
mantienen un rol protagónico,
acaparando el 80% del
total.
En 2017, nueve de cada diez
dólares entegados tuvieron como destinatario final a las empresas, en su gran mayoría a las grandes (68% versus 24% de las
pequeñas y medianas).
El fantasma del "descalce"
Aun con la suba registrada de los préstamos, hay una realidad inocultable: el mercado no logra absorber todos
los billetes verdes que
hoy atiborran el sistema.
La magnitud del
"problema" es tal que ya se contabilizan unos u$s13.000 millones inactivos ante la escasa
demanda.
En medio de esta abundancia, desde la city dan
cuenta de una alternativa que
viene sumando adeptos: las
suscripciones de Letras del Tesoro en
dólares (Letes), que permiten:
- Colocar parte
del excedente de
moneda extranjera, ofreciendo para ello un rendimiento nada despreciable del 3%.
- Que los bancos no tengan que volcar los depósitos dolarizados sólo al financiamiento de exportadores y conexos.
No obstante, la brecha entre los
montos captados y los colocados vía
préstamos hizo que la liquidez "verde"(efectivo en bancos
cuentas corrientes de entidades en el BCRA pases netos) trepe al 75%.
Semejante magnitud llevó a Sturzenegger a tener que tomar
una decisión: flexibilizar varias de las normativas vigentes desde la
salida del corralito.
Hoy día, un gran
desafío para el sistema bancario es volcar el enorme flujo de dólares recibido al crédito sin que se repitan problemas de
otros tiempos, que acrecentaron considerablemente los riesgos.
Por el lado de las personas, al cobrar sus salarios en pesos,
una gran mayoría queda al margen de
este tipo de líneas (salvo el financiamiento de deudas de corto plazo con
tarjetas por compras o viajes al exterior).
En cuanto a las empresas, hubo una normativa -vigente
hasta 2015- que señalaba
que sólo podían acceder aquellas que exportaban. Sin embargo, la sobreabundancia llevó al Banco
Central a flexibilizar esa
postura.
Así, adecuó su política de créditos ampliando el financiamiento a quienes
participan del comercio entre
la Argentina y el mundo.
Concretamente, a partir de mayo las entidades pueden destinar parte de los depósitos en dólares en su haber
a prestarle a los importadores de productos o
servicios argentinos, a través de dos
vías:
- En forma directa
- A través de líneas de crédito a bancos del extranjero que participen en la operación
De este modo, las entidades argentinas se han convertido en fuentes de fondeo para firmas que venden al mundo.
En otras palabras, pasaron a cumplir un rol similar al de los bancos de desarrollo en
otros países (como el BNDES de
Brasil, por ejemplo).
Tasas bajas, riesgo alto
Una de las primeras medidas de Federico Sturzenegger fue autorizar a las entidades a ampliar su clientela.
¿Cómo? Permitiéndoles incluir a aquellos que registrasen ventas fuera del país, pese a no ser -en sí mismos-
empresas exportadoras.
Los principales beneficiarios de esta nueva realidad han sido las firmas internacionales y los productores agrícolas, que aplicaron
buena parte de estos créditos a la compra de maquinaria.
"La flexibilización de los préstamos en dólares apuntaló el financiamiento en
esa moneda, elevando la participación de este tipo de créditos al 14% en el primer trimestre", señalan desde
Ecolatina.
Desde el punto de vista de los clientes, la gran ventaja de tomar deuda en esta moneda es obvia: la menor tasa que deben
abonar.
"Para las empresas, el costo del interés en pesos es insostenible.
Aquellas que pueden pasarse de
moneda, bajan las
tasas de un rango efectivo final de un 40% - 100% anual (según actividad y tipo de empresa) a otro
de entre 4% - 15% en
dólares", apunta Miguel Arrigoni, de First Corporate Finance Advisors.
Claro que hay usos y costumbres que no cambian tan
fácilmente, como por ejemplo el de asumir el riesgo devaluatorio, que viene a ser
el gran fantasma detrás de los créditos dolarizados.
"El atractivo por endeudarse a tasas bajas resulta cada vez más riesgoso, ya que la creciente
fortaleza del peso aumenta las probabilidades de una corrección
cambiaria", expresan desde Ecolatina.
Queda claro que la "ola verde" que llegó al país modificó por completo aquella postal de cepo
cambiario y de múltiples cotizaciones .
Ahora el cuadro es otro y las entidades deben lidiar con el inconveniente
asociado al de una demanda "raquítica" que no acompaña la abultada oferta, una brecha que
deja gran cantidad de divisas "ociosas".
Paradójicamente, las compras "hormiga" de miles de ahorristas hoy día hasta
le resultan funcional a Sturzenegger, ya que lo ayudan con el
"trabajo sucio" de secar la plaza de dólares.
Esos que antes brillaban por su ausencia y ahora deslumbran con su presencia.
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