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Por Carlos Burgueño - Desde el Banco Central de la
República Argentina le dejaron en claro en las últimos días al Gobierno de
Mauricio Macri, en especial a algunos ministros que no creen en seguir
defendiendo la meta anual inflacionaria de 17% como tope, que continuará en su
línea política de garantizar ese porcentaje y de no modificar las proyecciones
previstas por la entidad que maneja Federico Sturzenegger para este año. El
BCRA incluso va más allá y argumenta tanto dentro como fuera del banco, que los
números que se proyectan hacia el resto de 2017 permiten la defensa de la
previsión. Aún cuando muchos integrantes del gabinete económico del Poder
Ejecutivo ya discuten internamente si no es el momento de comenzar a trabajar
bajo la hipótesis de un nuevo techo más cercano al 30%. En esta línea milita,
entre otros, el vicejefe Mario Quintana, quien ya habría planteado dentro del
Gobierno la necesidad de comenzar a trabajar con la nueva hipótesis; y, en
contrapartida, tender puentes de diálogo duro y directo con el Central para
presionar por una baja en las tasas de interés. La decisión de ayer de llevar
las Lebac 25,5% (15 puntos más que el cierre de ayer), demuestran que el
directorio que encabeza Sturzenegger está lejos de la idea del gabinete.
La visión del BCRA es diferente y concreta. El optimismo se basa en que las
comparaciones de la mayoría de los analistas privados se realizan aún contra
los niveles de 2016, con lo que tendrían una visión distorsionada sobre lo que
sucederá en el segundo semestre del año. Más allá de lo que sucede en mayo (los
analistas privados hablan de un alza cercana al 2% y en el Central se habla de
una comparación interanual por debajo del 25%), se confía en el Central en que
en julio el incremento interanual se ubicará entre 21 y 22%, con lo que la
medición a 12 meses habrá bajado de 36% en diciembre a 21% para comienzos del
segundo semestre. Esta meta, fácilmente lograble según la visión de la entidad,
demostrará que la inflación habrá sido reducida a mitad de año prácticamente a
la mitad. Y que lo mejor estará por llegar.
Para ese momento, de conseguirse la comparación de 21%, el alza de los precios
sería el menor de los últimos cinco meses y la inflación más baja en 10 años; y
que una vez que se hable de esta situación las expectativas comenzarán a ser
mejores a través de un shock de confianza. Para mejor, el dato aparecerá cuando
el gobierno tenga que enfrentar las elecciones Paso del 13 de agosto y las
legislativas nacionales del 22 de octubre. Siguiendo esta línea es que en el
Central afirman que para fines de año, comparando el último trimestre de 2017 y
el mismo período de 2016, la medición arrojaría un porcentaje menor al 20% y
muy cercano a la meta pactada en el presupuesto 2017. Se afirma además que la
presión sobre los precios por cuestiones monetarias tenderá a estabilizarse en
junio y que este dato comenzará lentamente a normalizar la confianza en que
finalmente el Gobierno está logrando controlar el alza de precios.
Si bien en el Ejecutivo hay varios ministros que tienen otra visión y que
reclaman por un cambio de perspectivas a nivel nacional para poder destrabar
conflictos (es el caso de Jorge Triaca en el Ministerio de Trabajo), el
principal apoyo que tiene Sturzenegger en su visión no es menor. El propio
Mauricio Macri cree que el presidente del Banco Central tiene razón, y que
habría demostrado hasta ahora profesionalismo y voluntad para controlar el alza
de precios con instrumentos lógicos. Se desliza dentro del Gabinete que hubo la
semana pasada, antes del viaje del Presidente a China, varios diálogos entre el
jefe de Estado y algunos altos integrantes del gabinete económico para ejecutar
la mencionada presión sobre Sturzenegger, y que fue el propio Macri quien abortó
cualquier posibilidad de este tipo con dos argumentaciones. La primera,
económica, afirmando que cree que la visión del BCRA sobre la evolución
inflacionaria para el resto del año será la correcta y que hacia el último
trimestre se proyectará un incremento menor al 20% que algunos integrantes del
gobierno ya comienzan a creer. El segundo argumento de Macri hacia los que le
aconsejaban presionar al BCRA, era institucional: el jefe de Estado es un
convencido de la necesidad de fortalecer la autonomía de la entidad. Afirman
que éste es uno de los capítulos sobre los que más se debe insistir en el
exterior cada vez que viaja y que la garantía de independencia que se le da al
Central es uno de las políticas que más se le ponderan al Gobierno fuera del
país. "Que no se pierda la perspectiva", afirma el jefe de Estado
ante sus colaboradores del Gabinete Económico cada vez que hay inquietudes
sobre la meta ya pactada de la inflación en 2017 y que el BCRA sigue
defendiendo.
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