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Por Jorge Carrera - En febrero de 2014 el diputado Sturzenegger escribía
en La Nación "La jugada del presidente del Banco Central encierra
importantes riesgos, no sólo para la actividad económica, sino también para el
propio proceso inflacionario. Es que justamente lo que está haciendo es
contrarrestar la emisión para financiar el déficit con colocación de deuda en
el mercado financiero. El problema es que la alta tasa de interés que paga el
Banco Central se convierte en un proceso de generación de inflación
futura..." Desde diciembre de 2015, las Lebac y los Pases crecieron unos $
635.000 millones, un aumento del 190% a abril de 2017, llegando a $ 925.200
millones. Son u$s59.000 millones lo cual excede las reservas brutas actuales
que suman 49.000 millones (las netas son 16.000 millones). El costo de los
intereses que podrían pagarse este año serían 220.000 millones. La mayoría del
stock debe ser renovado voluntariamente cada 30 días.
Este fuerte crecimiento está explicado por varios factores: 1) El nivel de
emisión del BCRA por el déficit fiscal, sea porque compra dólares que tomó
prestado el gobierno, sea porque emite pesos para financiarlo con utilidades o
adelantos; 2) La necesidad de esterilizar los propios intereses generados por
las Lebac; 3) explotó el ingreso de capitales externos de corto plazo que
buscan aprovechar las tasas en pesos altas lo que genera al BCRA el dilema de
comprar los dólares para evitar que caiga el tipo de cambio y entonces se deben
esterilizar esos pesos con nuevas Lebac; 4) la tasa de interés es el otro
factor relevante para definir el ritmo de crecimiento. Si el BCRA lograra
finalmente hacer converger las expectativas hacia una inflación más baja,
podría reducir la tasa que paga por las Lebac y así moderar su velocidad de
crecimiento. Igualmente, es de esperar en un régimen de Metas de Inflación al
que se lo hizo partir tan apresuradamente, que la tasa se mantenga por arriba
de las expectativas de inflación por un tiempo largo. Brasil desde 1999 tiene
tasas reales muy altas.
También es esperable que la tasa persista por arriba de las expectativas de
devaluación. Tenemos una situación delicada porque el dólar está muy apreciado.
Las expectativas de devaluación son potencialmente altas y están contenidas (o
reprimidas) por el BCRA en base a una tasa alta. Es decir que la esperada baja
de tasas que podría impulsar el BCRA en unos meses (si la inflación se
desacelera), no puede ser muy pronunciada porque estimularía la salida de las
posiciones en pesos hacia una cobertura en dólares. La baja este año deberá ser
gradual. Sin excluir que en el período electoral deba seguir alta para evitar
minicorridas cuando se acerquen las elecciones y llegue la segunda parte del
gobierno, donde muchos analistas descuentas cambios relevantes respecto al
déficit y al dólar.
Si suponemos que el déficit primario termina el año en $450.000 millones, que
la emisión total del BCRA para financiarlo es de $420.000, que mantiene el
objetivo de que la Base monetaria crezca $160.000 millones, entonces deberá
esterilizar $260.000 millones que se suman al stock existente al inicio del
período más el aumento por los intereses del ese stock inicial, más alguna
compra de reservas. Esto daría un aumento anual del 92% en el stock de Lebac
más pases, llegando a $1,22 billones a fin de este año. Sí en 2018 se quisiera
cumplir la meta de inflación del 12% con los mismos instrumentos la dinámica
sería parecida.
Para que esto no sea explosivo es importante entonces que se combinen casi todas
las siguientes condiciones: que haya un crecimiento económico importante y
sostenido que aumente la demanda de dinero transaccional, que se reduzca el
déficit fiscal total, que disminuya la entrada de capitales especulativos
aplicados a pesos, que baje notoriamente la inflación, que se corrija la
percepción dominante de que el peso está muy apreciado y, consecuentemente, que
baje la tasa.
Sin embargo, con una economía que tiene un virtual estancamiento, un gasto
publico creciendo por arriba del 35%, una recaudación neta de blanqueo al 22%,
un boom financiero de carácter especulativo y la necesidad estructural de una
devaluación parece que la dinámica que ha encendido el BCRA no es fácil de
detener si se mantiene la actual descoordinación en la política económica.
Esperemos que las palabras del actual encargado del BCRA en 2014 no hayan sido
premonitorias de su propio escenario.
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