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Por Ignacio Olivera Doll - La rentabilidad bancaria
no pasa por su mejor año y las entidades del sector se apuran a buscar nuevas
oportunidades de negocios, tanto para salvarse del aumento de nuevos costos
como para protegerse frente a la incertidumbre. El fuerte aumento de volumen
que se vio ayer en la demanda de dólares en el mercado local, por el temor a
los efectos que podría provocar una crisis política en Brasil, empujó a un
grupo nutrido de bancos a ampliar aún más la brecha entre los precios de compra
y venta de divisas, desde los 45 hasta los 50 centavos, y encarecer el billete
hasta un máximo de $15,42.
Hasta hace pocos días, la brecha entre ambas cotizaciones era de sólo 30
centavos. Pero la persistente demanda de divisas que empezó a verse,
principalmente en el segmento minorista, había llevado a las principales
entidades del sistema a ampliarla hasta los 45 centavos. Ayer, el temblor que
produjo Brasil en los mercados alimentó el temor de los argentinos e incrementó
el volumen de las compras por home banking y ventanilla. Según pudo constatar
este diario, los bancos aprovecharon este contexto para hacer un movimiento
adicional en las puntas "compradora" y "vendedora" del
billete. Esto permitió, al mediodía, vender el dólar 40 centavos más caro de lo
que llegaban a comprarse en el mercado mayorista.
Desde hace algún tiempo llama la atención, además, la enorme disparidad que se
ve en las cotizaciones de los diferentes bancos. En la apertura, cerca de las
11.30 de la mañana, la diferencia entre el precio más alto y el más bajo del
mercado llegó a ser de 30 centavos (ver infografía): desde $15,95, que ofrecía
el Banco Nación, hasta $16,25, del Santander. El billete siguió escalando desde
entonces, hasta el final del horario bancario, para cerrar en un promedio de
$16,27 y un máximo de $16,42.
Más allá de lo que sucedió puntualmente ayer, este fenómeno ya se percibe desde
hace tiempo en los principales bancos privados, como un intento de aprovechar
la pujante compra de billetes del público minorista. Sólo en la última semana,
la brecha entre la compra y la venta se amplió del 2% al 3%.
En las mesas reconocen que el movimiento apunta a salvar la rentabilidad que
perdieron tras la caída de algunos ingresos, ante la floja demanda de créditos;
o el fuerte aumento de algunos costos, al que se vieron afectados, por ejemplo,
por la acumulación de efectivo en las sucursales.
El volumen cambiario es ahora una buena oportunidad. Desde diciembre, los
ahorristas se convirtieron en los principales apostadores del dólar. Las
compras de particulares se sostuvieron a pesar de que el tipo de cambio se
mantuvo prácticamente planchado desde entonces y dejó sin recompensas a quienes
invirtieron en él. En los bancos advierten que este segmento de clientes tiene,
en general, menos información que las compañías o los grandes inversores al
momento de adquirir divisas; y muestra, por esta razón, muy poca sensibilidad
ante un cambio en la cotización (una demanda más inelástica).
En el último informe cambiario mensual, el Banco Central informó que la demanda
de billetes de dólares del sector privado alcanzó los u$s2.065 millones en
abril. Y que un 47% de las compras fue en montos menores a los u$s10.000. De
acuerdo con estas mismas cifras, los particulares compraron en abril u$s1.570
millones y sólo vendieron u$s400 millones. Y el público minorista compró entre
cuatro y cinco veces más que lo que estuvo dispuesto a vender. Si se considera
sólo el conjunto de las operaciones más chicas (los montos menores a los
u$s10.000), en abril se adquirieron u$s962 millones; y se ofrecieron apenas
u$s215 millones.
Los bancos ven en este segmento de clientes un público cautivo en el que pueden
ampliar, sin mucha dificultad, los márgenes de ganancia. Los balances del
sector reflejan que, en los últimos meses, los ingresos financieros se resintieron
por la caída de la demanda de créditos (especialmente comerciales y en pesos),
el achicamiento del spread de las tasas activas y pasivas; y la prohibición que
dispuso el Central para que cobraran comisiones por algunos servicios (como,
por ejemplo, el otorgamiento del seguro de vida en los préstamos). El instinto
de supervivencia los lleva ahora a idear nuevos mecanismos para enfrentarse a
una regulación oficial que resulta menos generosa que la de los últimos años.
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