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"Si la situación política brasileña no se
soluciona rápidamente, la incipiente recuperación de su economía puede
marchitarse acotando las perspectivas de recuperación de la actividad
argentina", advirtió Ecolatina. En su último informe señaló que "el
arranque de 2017 mostró que Brasil podría estar dejando atrás la recesión. Tras
el cambio de gobierno de mediados de 2016, la confianza de los agentes
económicos mejoró y ello permitió cierta mejora en la actividad. Sin embargo,
los recientes acontecimientos que involucran al presidente Temer muestran que
la crisis política continúa".
Algunos meses atrás el concenso de mercado pensaba que, luego de dos años de
caída, en el 2017 la economía brasileña conseguiría salir lentamente de la
recesión. De acuerdo con el relevamiento de expectativas del Banco Central de
Brasil realizado a los pocos meses de asumir Temer, la economía crecería más de
1% este año. Sin embargo, el "optimismo" se diluyó con el correr del
tiempo, y la última encuesta de mayo marca un incremento mínimo de sólo 0,5%
del PBI para 2017, precisó el trabajo.
Los que siguen son los principales puntos del imforme:
• La imposibilidad de resolver el desequilibrio fiscal brasileño socavó la
confianza de los inversores extranjeros profundizando la recesión. Ello derivó
en un importante deterioro del mercado de trabajo: el desempleo subió al 13,2%
en el I trimestre de 2017.
•La performance de la economía brasileña tiene un impacto elevado sobre
Argentina. Por las acotadas perspectivas de crecimiento para 2017, se
descontaba que Brasil no traccionaría nuestra economía, pero al menos no
volvería a jugar en contra como lo hizo en los últimos dos años. Sin embargo,
los recientes acontecimientos suman incertidumbre a la hora de consolidar la
recuperación del nivel de actividad local.
• Como señal de la mejora económica brasileña, las exportaciones de Argentina a
Brasil habían comenzado recuperarse desde fines de 2016 (en los últimos cinco
años cayeron), pero en marzo y abril mostraron resultados nuevamente negativos.
Un nuevo golpe sobre la demanda interna y una suba del real brasileño amenaza
las posibilidades del intercambio bilateral.
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