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Por Carlos Burgueño - El Gobierno terminó de
elaborar en las últimas horas su estrategia ante la crisis brasileña y sus
consecuencias en la Argentina. Si bien siguió de cerca la evolución del mercado
cambiario desde el viernes pasado, al gabinete económico no le preocupa la
escalada del dólar, y sólo esperará a que encuentre su nuevo piso por encima de
los 16 pesos. Sí prometen trabajar, en cambio, en las consecuencias sobre la
economía real, y en las últimas horas se resolvió ponerse en contracto con
algunos sectores sensibles ante potenciales alzas en las importaciones
provenientes del país vecino. En el listado están los textiles, calzado,
juguetes, alimentos, bebidas y productos de consumo masivo. También habrá
contactos con las terminales automotrices para evaluar las consecuencias de la
crisis, y eventuales políticas internas de contención ante la segura caída de
las ventas de vehículos al mercado vecino.
En el Ejecutivo se sinceraron en las últimas horas, y se reconoció en el
Gabinete Económico que la hipótesis de una crisis económica (derivada de una
crisis política por la estabilidad de Michele Temer) no estaba siendo analizada
como alternativa. Por el contrario, lo que se había proyectado con los datos
provenientes de Brasil correspondientes al primer trimestre del año es que en
ese mercado sí se estaban viendo brotes verdes concretos y promesa de
incrementos en las importaciones argentinas. Y, lo más importante, una caída de
las exportaciones hacia el país por los excedentes de la oferta de productos
fabricados en el circuito paulista, que según muchos fabricantes locales
estaban haciendo estragos en las góndolas de los supermercados locales. Hubo
que hacer entonces una revisión de expectativas y cambiar el chip de positivo a
negativo. Y analizar luego los daños.
Lo primero que se definió es que el alza del dólar no debe ser considerada una
preocupación; y que incluso puede ser calificada como la única consecuencia
positiva de la crisis de Temer. Eran varios los integrantes del gabinete
económico que coordina Marcos Peña los que consideraban que la divisa tenía una
cotización peligrosamente retrasada, al navegar semana tras semana en torno a
los 15,80 pesos. Los mismos funcionarios hacían ensayos monetarios sobre cómo
se podría llevar la cotización hacia niveles más competitivos sin que se señale
sin más al Ejecutivo como impulsando una devaluación voluntaria. El alza del
dólar como consecuencia de la crisis brasileña y el salto hacia los 16,35
(según el cierre de ayer) ahorraron de un plumazo las alquimias cambiarias
oficiales; la divisa llegó a un nivel récord que no incomoda al Ejecutivo. Sólo
se seguirá de cerca el nuevo piso de cotización para que no complique el
control inflacionario entre mayo y junio. Si bien no hay una conclusión, el
valor del ayer del dólar no le resulta incómodo al Gobierno, que asegura que lo
fundamental para los mercados es hacerles ver que la oferta de divisas está a
favor de la posición oficial y que el Gobierno está en plenas condiciones de
controlar la situación. Para esto se argumenta que las reservas están en un muy
buen nivel, que aún le resta al Gobierno la colocación de deuda ya
presupuestada por más de 30.000 millones de dólares hasta fin de año y la
seguridad que con los nuevos precios del dólar (y la convicción de que el
Ejecutivo no lo dejará escapar mucho más), se retomará el ritmo de la
liquidación sojera que en las últimas dos semanas había caído casi 25% en
comparación con la primera quincena de mayo de 2016.
Si hay preocupación por lo que pueda suceder en la economía real,
particularmente con la amenaza de una suba importante de las importaciones
provenientes de Brasil. El temor se concentra en muchas de las grandes empresas
proveedoras de súper e hipermercados, que pueden trabajar en un escenario
productivo manejando su oferta total producida tanto en la Argentina como en
Brasil. Y que ante una baja en la demanda en el país vecino, automática y
rápidamente pueden redirigir sus camiones de los supermercados brasileños a los
argentinos en horas, con mercadería que podría demandar sólo una o dos semanas
en ser colocada en el país. Además hay temor en textiles y calzado, dos rubros
que culpan de la caída de ventas (además de los fallidos planes de consumo
oficiales tipo Precios Transparentes) a la entrada de producción brasileña, aún
más que la china, durante el primer trimestre del año.
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