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Por Carlos Burgueño - La inflación no es la
única variable que dentro del gobierno está en espacio de revisión. También la
cotización del dólar, que para fin de año según lo que dicta la norma de
presupuesto nacional debería estar a 19 pesos, está en duda. Pero a diferencia
de la inflación, donde el Gabinete Económico estima ahora un número más cercano
a 20% (pese a que el Banco Central defiende y creen en la meta de 17%); en el
caso de la divisa los cálculos oficiales hablan de un número menor al
presupuestado y más cercano a los 18 pesos. El dato está siendo hablado entre
los integrantes de la conducción de la economía argentina, incluyendo los
vicejefes de Gabinete Mario Quintana y Gustavo Lopetegui, junto con los
ministros de Hacienda Nicolás Dujovne y Luis Caputo. La argumentación para
comenzar a analizar la cotización a la baja surge de un simple cálculo oficial
de oferta y demanda: los dólares que ingresarían hasta fin de año serían lo
suficientemente importantes como para sostener el precio de la divisa no mucho más
allá de la evolución que se viene registrando en la curva anual de cotización.
En esta hipótesis, obviamente, no está incluida la eventualidad del surgimiento
de un "cisne negro" negativo, que pulverice la especulación oficial.
En esta categoría, aseguran en el gobierno, no está considerada la situación de
Michelle Temer en Brasil como tampoco ninguna sorpresa interna. De hecho, las
posibilidades de sorpresas cambiarias son casi descartadas por el gabinete
económico, al punto de haber recurrido a ese concepto del "cisne
negro", para describirla
El debate se había iniciado antes de la crisis con Brasil, a mediados de mayo,
cuando el precio de la divisa navegaba con dificultades para superar los 15,80
pesos. Lo que se vivía hasta el eclipse de Temer, era una demanda muy débil de
dólares ante una oferta creciente alimentada con las liquidaciones sojeras, el
megaresultado positivo del blanqueo (más de U$S117.000 millones declarados y
17.000 millones de dólares libres para el gobierno) y las colocaciones de deuda
pública, tanto nacional como provincial. Hasta hace algo más de una semana la
situación se mantenía inalterable, al punto de observarse una caída importante
en el ritmo de liquidación de soja por parte de los exportadores de la
oleaginosa. Según la información que distribuyó la Cámara de la Industria
Aceitera de la República Argentina (Ciara) y el Centro de Exportadores de
Cereales (CEC), en la primer semana de mayo la liquidación de divisas había
totalizado unos US$ 605,96 millones; un 26,22% por debajo de igual lapso de
2016. Según la entidad, hasta ese momento, el 2017 venía mostrando de parte de
los principales aportantes privados de divisas al país "una tendencia
oscilante que mantiene desde comienzos de año, con 13 semanas en que lo ingresado
fue menor al año anterior, y con siete en las que fue superior". Una
situación diferente al muy buen 2016, cuando se registraron unos u$s23.910,39
millones; detrás de los u$s24.143,75 millones de 2014 y los u$s25.133,39
millones de 2011. Sin embargo la proyección oficial, en base a contactos con
los cerealeros, es que la liquidación tendrá una aceleración en las próximas
semanas, y que comenzará a evolucionar hasta al menos equilibrar el mismo
número del año pasado (o incluso un nivel levemente superior); con lo que la
oferta de divisas proveniente desde esta vía tendrá una aceleración.
El segundo dato que espera el gobierno proviene de las propias filas oficiales.
El ministerio de Finanzas de Luis Caputo ya tiene todo preparado para la
colocación de deuda de u$s20.000 millones, la que no terminará de completar el
proceso de toma de crédito en el exterior, sino que llegará al 70% de las
necesidades financieras del Ejecutivo para este año; con lo cual cabría esperar
nuevas operaciones por otros u$s10.000 millones más. A estos números habrá que
sumar las colocaciones que irán haciendo las provincias y muchas empresas
privadas, que podrían incluso empardar la cantidad de dólares en operaciones de
deuda. Habrá que sumar una fuente más: si avanzan los acuerdos con China
firmados la semana pasada con el presidente oriental Ji Xinping por obras por
más de 15.000 millones de dólares, con el mecanismo de "swap". Esto
es, proveedores en más de un 70% provenientes de china, a los que se les pagará
con dinero aportado por ese estado con dólares que antes son girados al mercado
local y que pasan a engrosar las reservas; al menos momentáneamente. En los
últimos años del kirchnerismo en el poder, esta operación sirvió para sostener
las reservas en niveles por encima de alarmantes.
Ante el panorama general de sobreoferta de dólares, no cayó mal en el gobierno
el alza generada por la crisis de Temer, que elevó el nivel de 15,80 pesos con
que se había iniciado la semana pasada a los 16,35 pesos del cierre del
miércoles. Por un lado los monitores oficiales arrojan como resultado que, al
amenos hasta ahora, no hubo visibles traslados hacia los precios. Por el otro,
y políticamente hablando, se le puede echar la culpa a Brasil por la suba y
aprovechar los beneficios del alza.
El análisis sobre la posible baja de un peso en el precio del dólar hacia fin
de año, tiene un costado político: ahuyentar las seguras acusaciones de la
oposición, que auguran y corren al gobierno con una segura devaluación para
después de las elecciones legislativas de 2017; una vez que el compromiso de
estabilidad con los votantes haya terminado. En otras palabras, a los políticos
de Cambiemos que salgan a enfrentar a la oposición en medio de la campaña,
podrán asegurar sin vergüenza ni temor que luego de ser elegidos no deberán
explicar saltos en la cotización del dólar, el principal corazón económico con
que se vota en gran parte del país.
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