|
Por Pedro Biscay - La actual
conducción monetaria del BCRA -en manos
de su presidente y contando con el aval explícito del resto de los miembros del
Directorio, menos el autor de este artículo- viene adoptando decisiones
orientadas a reconducir la política monetaria hacia un solo objetivo: reducir
la inflación llevándola a un 5% anual para el 2019. Finalizado el primer
cuatrimestre de este año, la inflación acumulada de un 9% ya es más de la mitad
del límite superior de la meta 2017 (que -según las metas para este
año,-debería pivotar entre el 12% y 17%). Difícil y ambicioso reto que se
parece más a un salto sin paracaídas desde un acantilado que a un descenso
pausado por una ladera escarpada.
El último vencimiento de Lebac permitió absorber unos $433.645 millones,
gracias al aumento de la tasa de interés en unos 125 puntos básicos. Pese a
ello, la licitación dejó sin renovar unos 42 mil millones de pesos. Tan sólo 48
horas después, Brasil, nuestro principal socio comercial suspendía
preventivamente la operatoria en el mercado de capitales, mientras que el real
se depreciaba un 8%. Inmediatamente, la moneda nacional inició un proceso de
depreciación y el dólar alcanzó el rango de los 16,41 en el mercado minorista.
Los futuros comprados también tomaron volumen.
Este breve repaso de algunos acontecimientos ocurridos los últimos días no es
sobreabundante. Deben servir para ayudarnos a repensar si mantener el actual
modelo de metas podría generar mayor inestabilidad financiera con efectos
negativos sobre el tipo de cambio, el nivel de precios, el consumo, el empleo y
los derechos de propiedad de los usuarios financieros, aún mayores a los que ya
atraviesa nuestra dolida economía. La crisis en Brasil, es sólo un condimento
más que agrava la incertidumbre respecto al objetivo antiinflacionario
propuesto oficialmente. Sin embargo, la combinación de estos dos elementos
reduce aún más el margen de acción necesario porque el modelo produce
desencantos paulatinos, al tiempo que el dólar corre nuevamente iniciando la
dolarización progresiva de carteras del sector privado: algunos para maximizar
ganancia -cerrando la circunferencia que venían haciendo con la bicicleta-
otros, por el solo hecho de cuidar sus ahorros en un contexto en el que fueron
forzados a comportarse "como si" fueran especuladores.
Las sucesivas desregulaciones en materia de cambios, han eliminado instrumentos
de política para contrarrestar los efectos severos que un shock externo podría
generar en la economía. Tampoco pareciera haber ánimo de iniciar colocaciones
de contratos en mercado de futuros, porque un juez arrastrado por la actual
conducción economía del país, decidió criminalizar este tipo de estrategia
orientadas a dar certidumbre al tipo de cambio, tal como hace nuestro país
vecino por estos días. El Banco Central de Brasil vende futuros y fija
expectativas cambiarias; mientras, el Banco Central de Argentina, vende lebacs,
compra compromisos de deuda a 35 días de plazo y subsidia la actividad
especulativa de los bancos. Si el vencimiento de más corto plazo alcanza el 64%
del stock, la única expectativa que está produciendo la política monetaria
actual está asociada a la valorización de activos financieros, sin que medie
mecanismo de transmisión alguno de aquella sobre la economía real.
Todos los agentes económicos han visualizado el programa de metas como una
opción atractiva de inversión en función del enorme rendimiento de la tasa de
interés y a ninguno se le pasa por alto, que la inflación "no
subyacente" continúa operando sobre la llamada "inflación
núcleo". Aunque faltaría una explicación oficial consistente sobre este
aspecto, todo parecería indicar que esto último responde en una combinación de
factores: aumento de tarifas y falta de políticas orientadas a desarmar la
estructura oligopólica de los principales mercados del país, que es aprovechada
en este contexto para generar remarcaciones de precios, que perjudican al
consumidor.
Por tal motivo, la credibilidad del programa no puede fundarse en la defensa
rígida de una meta. Especialmente, porque si el azar dolarizador elimina la
seducción que se intenta generar con las altas tasas de interés que pagan las
Lebac, la sustitución por dólares podría ser inmediata y las consecuencias para
la economía del país muy graves, tal como le manifesté al Presidente del Banco
en diversos informes presentados durante el año pasado y lo que va del
corriente.
Durante la anterior gestión del BCRA, las actuales autoridades -que por ese
entonces en el rol de oposición- sostenían que el BCRA dilapidaba sus reservas.
Durante el 2015 las reservas cayeron, eso es cierto. Ese año, el anterior
Gobierno afrontó el pago del Boden 2015 por 5.900 millones de dólares y se
enfrentó a una brutal corrida cambiaria durante los últimos meses que impacto
en unos 8 mil millones de dólares. A pesar de ello, el resultado neto en
reservas fue de 5.800 millones de dólares menos. Es cierto también que la
actual administración mejoró el nivel de reservas en un 51% pero lo hizo como
resultado de operaciones de deuda del sector público nominadas en moneda
extranjera y que explican el 81% del aumento. En este escenario, la dura
política anti inflacionaria (con pivote exclusivo en el Banco Central) sumado a
la desregulación cambiaria y la eliminación del plazo para liquidar divisas
ligadas a la exportación, podrían alejar aún más el margen de acción de
políticas para defenderse de las turbulencias provocadas por la inestabilidad
financiera. Todavía estamos a tiempo de revertirlo.
(*) Director del BCRA.
|