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LONDRES (The Economist).- Algunos lectores de
The Economist pueden sentirse abrumados por las estadísticas. Para muchos
otros, son agua para la vida cognitiva. Cada semana, al final de la revista
publicamos datos oficiales de 42 de las mayores economías del mundo, con una
excepción. Hace cinco años dejamos de publicar la cifra de inflación de la
Argentina producida por el gobierno de Cristina Kirchner porque nosotros, y
muchos más, pensábamos que era falsa.
Esta semana estamos encantados de retomar la
publicación de la cifra oficial de inflación para la Argentina. Una de las
primeras cosas que hizo Mauricio Macri luego de ser elegido presidente fue
restaurar la independencia profesional del Indec. Le encargó crear un nuevo
índice de inflación preciso. Este mes se cumple un año desde que se lanzó ese
índice. Muestra que la inflación en los 12 meses hasta abril fue del 27,5%. Esa
cifra es incómodamente elevada, pero un soplo de aire fresco por su honestidad.
La alta inflación fue parte del escenario en
América latina hasta la década de 1990. Eso fue en gran medida consecuencia de
la desigualdad y la política populista. Los gobernantes confiaban en la
"ilusión monetaria": que los asalariados percibirían el alza de sus
salarios nominales en vez de la erosión de su poder de compra. La alta
inflación desalentaba el ahorro y contribuía a la desigualdad: los ricos podían
cubrirse contra ello más fácilmente que los pobres.
Macri ha tenido más rápido éxito en restaurar
la integridad de las estadísticas que en corregir las otras distorsiones que
Cristina Kirchner le legó. El nuevo índice oficial concuerda en general con los
privados.
Aunque ya no está oculta, la inflación se
demuestra terca. El Banco Central, cuya independencia también fue restaurada
bajo Federico Sturzenegger, su nuevo presidente, fijó una meta de 12-17% para
este año. No la va a cumplir. Luego de caer en la segunda mitad del año pasado,
la inflación volvió a trepar este año. Eso se debe en parte a que el Gobierno
aumentó las tarifas y en parte porque los acuerdos salariales logrados por
poderosos sindicatos llegan en promedio a alrededor del 20%.
El Banco está haciendo todo lo que puede para
alcanzar esa meta: elevó su tasa de interés testigo el mes pasado (del 24,75%
al 26,25%), a pesar de que sigue habiendo poco crecimiento económico. Macri
está haciendo malabarismos. Quiere bajar la inflación, pero necesita que la
economía crezca más antes de unas importantes elecciones de mitad de período en
octubre, que su gobierno no puede darse el lujo de perder.
Los argentinos pueden discordar
razonablemente sobre si Macri está tomando decisiones acertadas. Pero al menos
no se les oculta el estado real de su economía. Muchos parecen apreciar que se
los trate como adultos: decenas de miles de personas participaron el mes pasado
en una manifestación semiespontánea de apoyo al Gobierno. La baja inflación es
buena política. Un índice inflacionario honesto es un derecho democrático.
Traducción de Gabriel Zadunaisky
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