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Por Carlos Burgueño - Ya con la mayoría de las paritarias 2017 cerradas y
con alzas, al menos para la visión del oficialismo, por arriba de la inflación
proyectada para los próximos 12 meses, el Gobierno espera ahora que llegue
desde junio el esperado efecto positivo sobre la variable que más debe
recuperarse de cara a las elecciones legislativas de este año: el consumo
interno. Algunos datos concretos sobre la mejora del consumo entre abril y
mayo, más la expectativa que produce la posibilidad de que los salarios de los
trabajadores beneficiados por los incrementos salariales comiencen a operar a
favor, incluyendo las mejoras en Ganancias que se aplicaron desde este año con
la ley modificada en diciembre de 2016, deberían fortalecer las expectativas
positivas oficiales. Sin embargo hay un factor que preocupa a, al menos, parte
del Gabinete económico. Es la aparición de "aguafiestas" como
comienzan a llamar dentro del Gobierno a algunos actores de la economía
argentina, comenzando los supermercados. En una posición curiosamente muy
cercana a algunas visiones del Gobierno anterior sobre los motivos del alza de
los precios, se señala a las grandes cadenas de supermercados y a los
principales fabricantes de alimentos, bebidas, consumo masivo y hasta
materiales para la construcción como potenciales responsables de complicar que
el poder adquisitivo que se espera mejore en los salarios se limite. Si bien no
todos los integrantes del Gabinete económico tienen esta visión (de hecho
predomina la visión monetarista dentro del Gobierno como la causa del alza de
los precios) se sabe que es en las góndolas de los supermercados donde la clase
media (siempre potenciales votantes del oficialismo), tendrá un termómetro
cruel y directo sobre la marcha de la inflación antes de las elecciones de
octubre. Si los privados comienzan a aspirar las mejoras en los salarios con
incrementos de precios en los productos de consumo masivo, la sensación de
mejora será efímera y nuevamente habrá un congelamiento en la variable más
importante que la clase media tiene en cuenta para mejorar la sensación
económica hacia las elecciones.
Por esto se les dejará en claro a los principales referentes de los súper e
hipermercados que se los estará monitoreando de cerca, y que las sanciones
anunciadas el jueves pasado por $18 millones por fallas a las leyes de defensa
de la competencia y del consumidor es el primer paso que el Gobierno podría
dar. La demorada legislación propiciada por Elisa Carrió y Mario Negri en la
Cámara de Diputados, que impulsa controles dignos de la era Guillermo Moreno o
Augusto Costa desde la Secretaría de Comercio Interior, está a punto de ser
acelerada o demorada por el oficialismo legislativo, que duda en avanzar ante
la presión del Frente Renovador de Sergio Massa de concretar una norma aún más
fuerte que la idea de Cambiemos. El diputado de este partido, Marco Lavagna,
plantó bandera afirmando el fin de semana que las multas labradas por el
Gobierno contra los supermercados por infracciones a la Ley de Lealtad
Comercial "no demuestran voluntad de atacar" el aumento de precios y
que "no demuestra una verdadera voluntad de atacar la cuestión de los
precios, los abusos que se dan en cuanto a posiciones dominantes y la cadena de
comercialización. El Estado debe quitar el peso que mediante impuestos pone
sobre los alimentos". Lavagna pidió al Gobierno que avance "con firme
voluntad sin marketing, en materia de regulación y la Ley de Góndolas (proyecto
del Frente Renovador)". EL Gabinete económico considera descartable por
innecesaria a esta idea, pero también se cree que servirá como amenaza velada
para que los supermercados colaboren en el control de la inflación y que no
haya aprovechamientos.
La esperanza oficial sobre el aumento del consumo para los próximos meses tiene
ciertos datos reales sobre los que apoyarse; pese a que en mayo los números
generales hablan de una caída del 2%. Dentro de los agridulces datos de la
recaudación de mayo (21% de alza contra el mismo mes de 2016) hubo un dato muy
positivo. El IVA impuestos, que mide la recaudación de ese tributo en el
mercado interno, recaudó un 35% más que un año antes, muy por encima del 27% de
la inflación interanualizada que calculó el INDEC para el mes pasado. Según la
interpretación del Ministerio de Hacienda de Nicolás Dujovne, este dato
reflejaría que luego de un primer trimestre del año donde el consumo no tuvo
respuestas positivas (algo de razón habrá que atribuirle al fallido Precios
Transparentes), desde abril la situación habría comenzado a cambiar y se habría
consolidado en mayo. Como la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP)
recauda el IVA sobre mes vencido y con una demora de entre 30 y 60 días, se
espera que los datos de la recaudación de este tributo se mantengan firmes en
lo que resta del año. Un buen augurio que registra el organismo que maneja
Albert Abad es que las operaciones registradas con tarjetas de débito subieron
en los últimos dos meses un 15% interanual promedio, aún con la eliminación del
beneficio de la devolución del 5%.
El segundo factor que mueve las expectativas son las consecuencias de los
salarios luego de las paritarias que ya están casi en un 70% cerradas y, en su
mayoría, con incrementos superiores al 20%. Se espera entonces que la clase
media afectada por estos aumentos tengan desde este mes mayor poder
adquisitivo. Más si se tiene en cuenta, según la visión oficial, que este año
la presión de Ganancias no será una aspiradora que liquide la sensación de
mejora; a partir de los cambios en la ley del tributo sancionada en diciembre
pasado y que desde este mes tendrá su prueba de fuego de credibilidad en el
público. Para mejor, siempre según la positiva mirada del Gobierno, esa norma
elimina al aguinaldo como factor de ascenso en las temidas escalas del impuesto
para aumentar la presión sobre los contribuyentes.
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