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Por Julián Guarino - Mientras la economía argentina se debate
en el corto plazo para salir del estancamiento y cerrar un 2017 con
crecimiento, los analistas están viendo 'inconsistencias' entre la política
monetaria que lleva adelante el Banco Central y la política fiscal que
personifica el ministro Nicolás Dujovne. La síntesis podría señalar que,
mientras el BCRA enfría la economía con política monetaria contractiva para
bajar la inflación, Hacienda marcha en sentido contrario y 'recalienta' el
déficit fiscal (déficit primario sumado a intereses), que es financiado con
asistencia del BCRA y emisión de deuda.
Un informe de la consultora Economía & Regiones da cuenta de este complejo
escenario. "La actual política fiscal no sólo estimula el aumento del
desahorro público atentando contra la inversión, el empleo y el crecimiento,
sino que genera expansión monetaria (por "adelantos transitorios" y
por la compra de los dólares de la deuda) que presiona sobre la inflación
dificultando la política anti-inflacionaria del BCRA".
Según E&R, el esquema se completa cuando la autoridad monetaria emite Lebac
(y pases) para absorber los pesos emitidos adicionalmente para financiar el
déficit fiscal. Es decir, el Estado se endeuda dos veces. Primero, por las
emisiones de deuda para financiar el déficit. Segundo, a través del BCRA para
retirar los pesos "de más" y evitar las presiones inflacionarias. En
este marco, el peso de la deuda pública en términos del PBI y de los pasivos no
monetarios del BCRA (Lebac pases) en términos de la base monetaria aumentan.
El dato que sorprende es que, de acuerdo con las estimaciones de E&R,
"si todo sale bien y las actuales metas de déficit primario son honradas,
lo más probable es que en 2019 el déficit fiscal financiero (déficit primario
más intereses) termine siendo similar al déficit fiscal financiero que dejó
Axel Kiciloff a finales de 2015".
Para la consultora, la actual performance fiscal debería conducir probablemente
hacia un incumplimiento de aproximadamente 0,8/1,0 puntos porcentuales de la
meta de déficit primario ( 4,2% del PBI) de 2017, lo cual significaría un
déficit financiero (con intereses) del 7,8% del PBI. "Este comportamiento
no debería sorprender, ya que sería similar al del año pasado cuando el déficit
primario (4,6% del PBI) terminó -0,2% por debajo de la meta (4,8% del PBI) sólo
porque se contabilizaron ingresos del blanqueo por 1,3% del PBI. En este
sentido, sin los ingresos por la penalidad del blanqueo el déficit financiero
habría ascendido al 8,2% del PBI en 2016", señalaron en un informe.
La clave de este cambio de paradigma es que, con el endeudamiento, los
intereses comienzan a gravitar en forma más pronunciada en el gasto. Para la
consultora LCG, por ejemplo, si se suma la carga de intereses (casi $30.000
millones), el déficit financiero que se registró en abril es de $49.000
millones, que triplica el de abril 2016. Desde el Instituto Argentino de
Análisis Fiscal (IARAF) sostuvieron que el protagonismo de los intereses de la
deuda en el total no es nuevo: ya en 2001 la participación era de poco más del
22% mientras que en años siguientes (y hasta 2009) fue del 10% en promedio. Con
la instrumentación del cepo y hasta el 2015 se redujo al 7%, para volver a
escalar al 7,8% del total del gasto en 2015 y subir hasta un 8,6% en 2016.
El Banco Ciudad también subrayó en un informe que habrá que prestar atención al
creciente déficit de las cuentas públicas nacionales. Al respecto señaló que si
bien los recursos generados por el blanqueo "jugaron un rol importante en
apuntalar los ingresos del fisco en lo que va de 2017, con un crecimiento del
40%, frente a un alza del gasto primario del 36%", sin el ingreso
adicional que significó ese plan, el gasto será una materia a tener en cuenta.
En las mesas sostienen que el BCRA está haciendo su trabajo, porque aplica
política monetaria contractiva para bajar la inflación generando las condiciones
necesarias (no suficientes) para que pueda haber inversión y crecer. Es decir,
el BCRA está comprando tiempo para que la política fiscal cambie, arregle los
problemas de fondo, baje fuertemente el déficit y sienta las condiciones
suficientes para volver crecer. Pero admiten que ningún Banco Central puede
imprimir crecimiento, empleo y poder adquisitivo de los salarios.
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