|
Por Martín Burbridge - "Yo no sé de dónde soy / mi
casa está en la frontera / Y las fronteras se mueven / como las banderas",
canta Jorge Drexler y, mientras tanto, el Gobierno de Mauricio Macri espera con
ansiedad el próximo 20 de junio. Porque aparte de ser el día de nuestra bandera
nacional, la compañía MSCI Inc. (que elabora el índice "Morgan Stanley
Capital International Emerging Markets") decidirá si retira a la Argentina
de la antipática categoría de "mercado de frontera", que es una
especie de purgatorio en el mundo de las finanzas internacionales.
Si nuestro país fue desterrado a los confines del universo
financiero global, es porque desde el año 2009 se consideró al mercado
argentino como no apto para formar parte del índice MSCI EM. La compañía
financiera decidió retirar a la Argentina de su índice emergente en febrero de
ese año, al comprobar que el Gobierno de aquel entonces había impuesto
controles de capitales a las inversiones extranjeras, una herejía en el mundo
financiero internacional.
Porque por más que nos pese, plantear controles de
capitales es garantía de ser expulsado del paraíso del MSCI EM. Y el exilio es
realmente doloroso, ya que el índice de mercados emergentes es la condición
necesaria (no suficiente, por supuesto) para recibir inversiones de los grandes
fondos de pensión y fondos soberanos internacionales. En momentos en que el
país está tan ávido por obtener financiamiento, regresar al MSCI es un objetivo
capital, y de ahí su ansiedad a tan solo una semana del Día D.
Sin embargo, como canta Drexler, "las fronteras se
mueven como las banderas", así que nadie puede garantizar que MSCI se
decante por reincorporar a la Argentina y sumarla a otros países de la región
como Brasil, México, Chile, Colombia y Perú. El Gobierno actual hizo los
deberes al levantar los controles de capitales y de cambios, pero queda la duda
de si las reformas son sustentables en el tiempo. Además, surge el
inconveniente de que hay dos candidatos más a ser admitidos en el índice
emergente (las acciones domésticas de China y Arabia Saudita), contra los
cuales tiene que competir la Argentina por ganarse el favor de MSCI.
China, aplazada tres veces
El gobierno chino cree que esta vez sí puede tener éxito en
conseguir que 169 de sus acciones clase A que cotizan en la bolsa de Shanghai
puedan ingresar en la revisión anual de MSCI. Hasta ahora, China ya sufrió tres
aplazos y, además, últimamente sufrió una baja en la calificación crediticia
por parte de la agencia Moodys. La incorporación de estas acciones domésticas
es reclamada por varios clientes de MSCI, que consideran que "China está
sub representada en los índices a pesar del peso e influencia de su
economía", como lo manifestaran analistas de Goldman Sachs.
MSCI está prestando atención a ese reclamo y busca la forma
de que China también participe del índice emergente con su bolsa local.
"Si muchos progresos fueron logrados, todavía quedan varios problemas por
resolver", afirmó en una entrevista Henry Fernandez, CEO de MSCI, respecto
del caso chino. La traba para incorporar a China se da en que sus mercados
financieros cuentan todavía con una cláusula que obliga a los emisores de
productos financieros que negocian con acciones chinas (incluso fuera del país)
a solicitar una autorización previa. Y MSCI no quiere correr el riesgo de que
alguno de sus clientes no obtenga la autorización de la bolsa de Shanghai y
entonces se vea obligado a retirar su producto financiero.
En la visión de los analistas de Goldman Sachs, la
probabilidad de que MSCI y el gobierno chino lleguen a un acuerdo es hoy del
60%. Pero BlackRock, el mayor gestor de activos financieros del mundo (y, por
supuesto, el principal cliente de MSCI), está a favor de que China pueda
ingresar, por lo que su candidatura cuenta con un padrinazgo de peso (por
suerte BlackRock también propone que ingresen acciones argentinas).
Arabia Saudita, rezagada
La otra candidata de peso, Arabia Saudita, juega con el
atractivo de sus gigantescas reservas de crudo y con la promesa de privatizar
parte de su enorme compañía petrolera estatal, Saudi Aramco. Pero la crisis del
crudo debilitó un poco su candidatura para ingresar al índice MSCI EM.
"Formalmente, no existe todavía una inclusión de
Arabia Saudita en el índice emergente", afirmó un responsable de MSCI,
quien agregó: "En teoría, hicieron todo lo que tenían que hacer. Revisaron
su regulación, simplificaron el acceso al mercado en septiembre pasado y, a
fines de abril, mejoraron completamente su plataforma de trading en la bolsa,
al eliminar un gran inconveniente como el tener que adelantar el efectivo antes
de colocar una orden; tampoco había venta en descubierto, etc. Cambiaron todo.
Pero la reforma fue finalizada a fines de abril, por lo que es un poco pronto
para evaluarla".
Además, para el gobierno saudita, ingresar al MSCI EM pesa
más por una cuestión política que económica: Qatar, uno de sus mayores rivales
en la región y al que le acaba de declarar un boicot absoluto, forma parte del
índice emergente desde 2014. Una afrenta que no puede tolerar su familia real y
que se está traduciendo en "presiones amistosas" sobre MSCI para que
sea Arabia Saudita quien termine siendo la elegida.
|