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Por Federico Furiase y Martín Vaithier - El atraso cambiario
y el aumento en el stock de Lebac del BCRA del que tanto se habla reflejan una
inconsistencia que se puede resumir en una falta de coordinación
entre una política monetaria que intenta anclar las expectativas de inflación
con la tasa de interés mientras se suben tarifas y un déficit fiscal que sin
margen para corregirse con terapia de shock se financia con emisión monetaria y
con deuda en dólares en los mercados.
El atraso cambiario si bien ayuda desde el lado de la inflación, deteriora la
rentabilidad de los sectores transables al tiempo que engrosa la salida de
divisas por turismo y formación de activos externos (u$s22.174 millones brutos
entre enero y mayo y u$s11.361 millones netos). En simultáneo, el aumento en el
stock de Lebac (en 9,5% del PBI) resultante de la señal de tasa de interés del
BCRA termina desconectando el ingreso de los dólares financieros con la
monetización de la economía: las Lebac y los pases explican el 45% del ahorro
en pesos, pero no financian inversión.
De todas formas, con la tasa a 10 años de los bonos del Tesoro de EE.UU.
recortando a 2,15%, la liquidez global sigue al pie del cañón del carry trade,
permitiendo financiar inconsistencias y estirar tiempos. Sobre todo, en una
economía en la que los niveles de deuda pública en el mercado siguen siendo
bajos y donde los spreads que ofrecen nuestros bonos en dólares (400 puntos
básicos) se ubican bien por arriba del que pagan los vecinos (286 pb Brasil,
196 Uruguay). Pero el costo de la "dominancia monetaria" no es menor:
el financiamiento del déficit con deuda en dólares en paralelo con un BCRA que
coloca Lebac para barrer el excedente de pesos impulsado por la emisión
asociada a la compra de dólares al Tesoro y al giro de adelantos transitorios
implica pagar peaje dos veces.
Es cierto que con la curva de rendimientos de los títulos en pesos invertida
frente a la expectativa de una desaceleración de la inflación se habilita un
canal de financiamiento en pesos a tasas más bajas para el Tesoro, donde la
demanda de fondos del exterior juega un rol importante. Pero el grueso de la
liquidez del sistema financiero local se sienta sobre el tramo corto de la
curva de Lebac del BCRA aprovechando el roll over de corto de las tasas más
altas y la liquidez de los mercados secundarios. Las entidades financieras
tienen $375.000 millones en Lebac y es así como a pesar de la lluvia de dólares
financieros se termina secando la plaza local frente a la aspiradora de pesos
que genera la brecha del Tesoro (estimada en $225.000 millones hasta fin de
año). Mientras tanto, la "bola de nieve" de Lebac esconde un riesgo
de roll over en cada licitación (sobre todo considerando que más de la mitad
del stock se encuentra por fuera de los bancos y en manos de inversores que
analizan en forma permanente el equilibrio tasa de interés/expectativas de
devaluación), que podría complicar en algún momento la sostenibilidad de las
metas de inflación.
Desaceleración
El laberinto ofrece una salida y hace posible que se busque ensayar una
coordinación más eficiente. Si la desaceleración de la inflación iniciada en
mayo (y que se confirmará en junio) y el anclaje de las expectativas de
devaluación frente al ingreso de los capitales le dan margen al BCRA para
recortar la tasa de interés de corto plazo de las Lebac, los incentivos podrían
empezar a jugar a favor de un desarme gradual de Lebac hacia bonos del Tesoro
en pesos. La colocación del bono del Tesoro que ajusta a la tasa de política
monetaria brinda el instrumento atractivo para esta coordinación eficiente dado
que es el propio compromiso del BCRA de mantener vía la tasa de referencia una
tasa real positiva contra la inflación esperada (en torno al 4%) durante buena
parte de la vida del bono (hasta alcanzar la meta de inflación de 5% en 2019)
lo que endulza su atractivo. Permitiendo al BCRA desdoblar el camino de las
tasas: bajando gradualmente las de corto de las Lebac, pero manteniendo el
sesgo contractivo en la tasa de referencia, incentivando una rotación gradual
desde Lebac cortas al bono del Tesoro que ajusta por la tasa de política
monetaria.
La rotación desde Lebac a bonos del Tesoro terminaría siendo una coordinación
inteligente dado que permitiría descomprimir vencimientos de Lebac del BCRA,
destrabar liquidez para financiar la brecha de pesos del Tesoro evitando la
presión a la baja en el tipo de cambio implícita en el financiamiento con deuda
en dólares, sin aumentar el crowding out sobre el sector privado y aceitando la
recuperación en curso: el equilibrio "bueno" de la Curva de Phillips.
El riesgo es que en el medio del camino los pesos liberados en el desarme de
Lebac terminen presionando sobre el dólar, desacoplando las expectativas de
inflación sin generar un aumento del financiamiento para el Tesoro que permita
aceitar la recuperación: el equilibrio "malo" de la Curva de
Phillips. Una alternativa: que la emisión por desarme de Lebac que termine
fluyendo hacia los bonos del Tesoro reemplace la emisión por giro de adelantos
transitorios y utilidades para mantener la dinámica de los agregados monetarios
y controlar el riesgo de derrame al dólar. Con un incentivo para el BCRA:
mejora el balance al capitalizar utilidades y cambia un pasivo remunerado
(Lebac) por uno no remunerado (base monetaria) mejorando su perfil financiero.
¿El principio de una coordinación inteligente entre BCRA y Finanzas o una
historia más de diversificación de los instrumentos en pesos? Atentos a las
señales que dará el BCRA en la licitación de Lebac de hoy...
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