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Por JULIÁN
YOSOVITCH - La decisión de MSCI de no incluir a Argentina en
emergentes y dejarlo en revisión, permaneciendo en categoría de frontera generó
un importante ajuste en las acciones y en bonos así como un salto en el tipo de
cambio. El escenario invita, en principio, a replantearse expectativas. Pero en
realidad se mantienen intactas, aunque en el corto plazo las proyecciones sean
difíciles de determinar, sobre todo con el riesgo electoral y sin un contexto
de crecimiento económico robusto. Pero lo cierto es que el hecho de no haber
sido incluido en emergentes es una mala noticia para Argentina pero muy buena
para el mercado financiero.
El lector se preguntará por qué: sencillamente porque los mercados
alcistas no finalizan con malas noticias. Los mercados se mueven en un péndulo
que va del optimismo al pesimismo, de la euforia a la depresión de manera
cíclica y ciclotímica. Los grandes pisos de mercado suelen coincidir con
contextos de mucho pesimismo, crisis económica, conflictos sociales,
manifestaciones en las calles, baja popularidad de los gobernantes y
proyecciones negativas de instituciones financieras de renombre sobre el futuro
de la economía y del país en su conjunto. En esos momentos, cuanto más se
satura el mercado con malas noticias y pesimismo, más probabilidades hay de que
el mercado castigue consensos e inicie un ciclo alcista positivo, generando un
cambio de expectativas hacia adelante.
En contraposición, los techos de mercado se dan en un contexto de
euforia y optimismo sobre la marcha de la economía, con mejoras a nivel social,
apoyo indiscutido de la sociedad hacia los gobernantes y opiniones optimistas
sobre el futuro del país. Allí, el mercado nuevamente castiga consensos y las
acciones inician un proceso de ajuste, dando a entender que el ciclo se agotó y
que ya todo el optimismo está incluido en los precios, dando espacio a un
proceso de reconstrucción del modelo económico y político.
Este tipo de operatoria se deriva de la teoría de opinión en contrario,
muy aplicada por Warren Buffett, quien decía "me pongo codicioso cuando
todos están temerosos y me pongo temeroso cuando todos están codiciosos".
La conclusión a la que se puede llegar es: si los techos se dan con un cúmulo
de buenas noticias tanto en cantidad como en optimismo y los pisos se dan con
uno de malas noticias, tanto en cantidad como en pesimismo, entonces una mala
noticia nunca es techo y una buena noticia nunca es piso.
Por eso es que esta noticia alarga la vida al bull-market argentino
porque no deberíamos esperar el fin del ciclo alcista con la no inclusión a
emergentes. Todo lo contrario, el hecho de haber sido efectivamente incluidos
en emergentes hubiese generado proyecciones aún más bajistas hacia adelante ya
que el mercado podría haber alcanzado un techo con la noticia de confirmación.
Y la estrategia de "comprar con el rumor y vender con la noticia"
podría derivar en algo más importante que simplemente una toma de ganancias.
Sin dudas que cuando lo que espera el mercado no queda finalmente
concretado en la realidad, se da un shock que genera fuertes ajustes en el
mercado y eso mismo es lo que ocurrió. Pero hablando del largo plazo, el hecho
de que el ajuste se haya disparado a partir de una mala noticia cambia
radicalmente las proyecciones hacia adelante y el ajuste actual puede ser
profundo pero será una oportunidad de compra para que luego la tendencia
alcista de fondo sea retomada.
Los mercados suelen tener tres períodos dentro de ciclos de largo plazo.
Uno de valor, seguido por un ciclo de expectativa y uno de confianza. Es sabido
que ya no estamos en el momento de valor y es probable que el ciclo de
expectativa esté próximo a terminarse (si no es que ya terminó) y que un
eventual ajuste nos permita hacer la transición de pasar a un ciclo de
confianza, en donde las expectativas de mercado queden finalmente plasmadas en
la economía real.
Allí probablemente seremos emergentes. Nos esperan meses de volatilidad
pero aún es prematuro pensar en un piso de mercado.
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